"Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". La sabiduría del pueblo acuñó este refrán para apelar al ejemplo ajeno, como prevención de un mal que podría sobrevenir.
"Este es un país privilegiado, porque a pesar de que durante muchos años hemos descuidado los recursos de la naturaleza, contamos con suficiente caudal para atisbar la esperanza de que no nos faltará el agua durante el próximo milenio; por supuesto, si la sabemos cuidar", comentó Eduardo Enrique Leiva, jefe de prensa del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados.
"La gran lucha, el nuevo reto de la institución es desarrollar una cultura del agua, la conciencia de cada persona de que no debe desperdiciar el líquido. Está comprobado que en los hogares donde aún no hay medidor, se gasta tres o cuatro veces más cantidad", explicó el funcionario.
En el pasado reciente, el Area Metropolitana recurrió a las montañas de Orosi para abastecer las necesidades de consumo. Sin embargo, en gran medida estas fuentes altas están agotadas y las nuevas reservas se concentran en los mantos acuíferos. "Son reservas de agua que están a 80 metros de profundidad, líquido puro que, no obstante, es sometido al proceso de cloración para garantizar el uso doméstico. El cuidado de estos mantos acuíferos nos garantiza la existencia durante los próximos 30 años."
Conciencia y dinero
A juicio del profesional, dos son los problemas más serios que Costa Rica enfrenta en relación con el agua y el uso de los recursos naturales: la poca conciencia de la población y el estado obsoleto de los sistemas de tuberías. Según informó, la entidad gestiona un presupuesto de $100 millones para reconstruir el alcantarillado sanitario.
"Muchos de nuestros ríos son cloacas destapadas y están prácticamente perdidos como aguas superficiales con opción de tratamiento; ellos son el Virilla, el Torres, el Ocloro y el María Aguilar, que atraviesan la ciudad de San José y llevan hasta la región del Tárcoles, en el Pacífico central, los desechos urbanos", lamentó Leiva.
Conciencia ciudadana e infraestructura, ambos conceptos sustentan la esperanza de que en nuestro país no se agoten las fuentes de agua dulce.
Hace varias décadas, al cuestionar el pago del recibo del agua, una persona increpó al ingeniero Fernando Rojas, a la sazón funcionario de Acueductos y Alcantarillados. "¿Por qué tengo que pagar por el agua, si es un regalo de Dios?", dijo el usuario. "Entonces vaya y la toma directamente de donde El la pone", respondió el profesional.