8 octubre, 2000

Varsovia. La jornada de reflexión previa a los comicios presidenciales de hoy en Polonia parece superflua ante el hecho de que se da por segura la reelección del socialdemócrata Aleksander Kwasniewski, a quien se atribuye la superación de la división entre excomunistas y anticomunistas.

Desde hace semanas e incluso meses absolutamente todas las encuestas realizadas en este país coincidieron en señalar a Kwasniewski como ganador de los comicios frente a los once rivales que se presentan para el cargo de mandatario polaco.

Las preferencias del electorado son tan claras que los sondeos señalaron igualmente que el actual presidente polaco no necesitará de una segunda vuelta para verse confirmado en el puesto, ya que vaticinan, todos ellos, que superará con creces el 50 por ciento de los sufragios.

Anunciado triunfo

El anunciado triunfo de Kwasniewski se convertirá así en una humillación para sus rivales, especialmente para su antecesor en el cargo, el antiguo líder del ya legendario sindicato Solidaridad, Lech Walesa, y el actual presidente del movimiento obrero, convertido ahora en partido gubernamental, Marian Krzaklewski.

La derrota puede ser especialmente dura para este último si, además de verse ampliamente superado por Kwasniewski, es adelantado también, como auguran las encuestas, por el tecnócrata independiente Andrzej Olechowski, quien goza de cierto prestigio en el país por su pasado como experto de varias instituciones económicas mundiales.

Los observadores políticos polacos señalan que las elecciones presidenciales de hoy confirmarán el declive de Solidaridad y sus dirigentes como fuerza gubernamental conservadora, luego de tres años de complicada cohabitación con un presidente socialdemócrata.

Todo parece indicar que en las elecciones legislativas previstas para la primavera próxima podrían repetirse los resultados augurados para hoy y que el gabinete del primer ministro conservador, Jerzy Buzek, acabará cediendo el testigo a los socialdemócratas.

Según prevén, estos probablemente colocarán al frente del nuevo gobierno a Leszek Miller, un antiguo miembro de la "nomenklatura" comunista reconvertido al socialismo democrático y la economía de mercado.

La esperada victoria de Kwasniewski traerá consigo inevitablemente la agonía política de Krazaklewski, manipulador entre bastidores del gabinete de Buzek, y de Solidaridad como contradictoria y principal fuerza de derechas pese a tratarse originalmente de un sindicato obrero.

Asimismo, los observadores políticos estiman que los comicios presidenciales y las próximas elecciones legislativas acabarán limpiando el panorama político del país, con la estabilización de la socialdemocracia (SLD) como principal fuerza y la apertura de un proceso de formación de una nueva derecha, aunque inicialmente muy fragmentada.

Mientras tanto, Lech Walesa, al que ningún sondeo concede mas allá de un 3 por ciento de votos, pasó de ser el líder del movimiento que inició la corrosión del comunismo en el Este de Europa a ser un político de patética figura que no supo retirarse a tiempo.

Empeñado en dividir el espectro político en blanco y negro, el que fuera el primer presidente libremente elegido de la Polonia postcomunista ya sólo despierta compasión entre el electorado, y más de uno confiesa que si llega a darle su voto, lo hará porque le da "pena".