AFP. 27 marzo, 2019
La primera ministra británica, Theresa May, intervino este miércoles 27 de marzo del 2019 durante una sesión de control político en la Cámara de los Comunes.
La primera ministra británica, Theresa May, intervino este miércoles 27 de marzo del 2019 durante una sesión de control político en la Cámara de los Comunes.

Londres. Theresa May jugó el miércoles su última carta para salvar su impopular acuerdo de brexit prometiendo dimitir en cuanto logre sacar al país de la UE, al tiempo que los diputados mostraban su falta de consenso votando contra todas las propuestas alternativas.

Tras acordar un corto aplazamiento en la fecha de salida de la Unión Europea (UE), inicialmente prevista para este viernes, la UE advirtió de que si Reino Unido no adopta esta semana el acuerdo negociado entre Londres y Bruselas, el país deberá presentar un plan B antes del 12 de abril.

Con la intención de encontrar una salida, el Parlamento arrebató al gobierno el control de la agenda de debates y emprendió el estudio de ocho alternativas al acuerdo de May, desde un brexit suave hasta la anulación del proceso pasando por la organización de un segundo referendo.

Sin embargo, en una Cámara muy dividida entre euroescépticos y proeuropeos, el resultado no sirvió para sacar nada en claro: los diputados votaron en contra de todas las propuestas.

“Aquí no hay opciones fáciles, no hay un camino sencillo”, dijo el ministro del Brexit, Stephen Barclay. Esto “refuerza nuestra visión de que el acuerdo negociado por el gobierno es la mejor opción”, agregó, al tiempo que llamó “a todos los diputados, en nombre del interés nacional, a respaldarlo”.

El texto ya fue estrepitosamente rechazado dos veces, el 15 de enero y el 12 de marzo, por los legisladores, pero May decidió el miércoles poner toda la carne en el asador en un intento desesperado por lograr sacarlo adelante en una votación que podría tal vez organizar este viernes.

Para poder esperar que el texto sea aprobado, May necesita convencer al menos a 75 de sus propios legisladores rebeldes, varios de los cuales habían pedido que abandonase las riendas del partido, del gobierno y del brexit.

Así que la líder conservadora los reunió y les manifestó: “Sé que a algunos de ustedes les preocupa que si votan a favor del tratado de retirada, lo tomaré como un mandato para pasar rápidamente a la segunda fase de negociación (...) No lo haré”.

“Sé que existe el deseo de un nuevo enfoque -y un nuevo liderazgo- en la segunda fase de las negociaciones de brexit, y no me opondré a ello”, prometió.

Una pancarta electrónica, instalada por la organización cívica Avaaz, frente al Parlamento en Londres, aboga por otro referendo sobre el 'brexit'.
Una pancarta electrónica, instalada por la organización cívica Avaaz, frente al Parlamento en Londres, aboga por otro referendo sobre el 'brexit'.

Pese a ser caótica, la toma de control por el Parlamento incrementa las posibilidades de que Reino Unido acabe optando por un brexit más suave o por pedir un largo aplazamiento de la fecha de salida.

Ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, pidió el miércoles a los eurodiputados que estén “abiertos a una larga prórroga si Reino Unido desea repensar su estrategia sobre el brexit”.

Intención de May

May confía en que esta perspectiva convenza a los detractores de su acuerdo de que es mejor aprobarlo que correr riesgos. Y esperaba que su promesa de dimisión diese el empujoncito que faltaba.

El truco pareció surtir efecto en algunos de los rebeldes conservadores euroescépticos, aunque no en todos. Pero, sobre todo, no impresionó al pequeño partido unionista norirlandés DUP, de cuyos 10 diputados depende la frágil mayoría de May en el Parlamento y que sigue oponiéndose al punto más conflictivo del acuerdo, la denominada “salvaguarda irlandesa”.

“Dado que los cambios necesarios que queremos para la salvaguarda no fueron acordados entre el gobierno y la Unión Europea (...) no apoyaremos al gobierno si organizar una nueva votación”, anunció el DUP en un comunicado, dando al traste con las esperanzas de la primera ministra.

Conscientes de la dificultad de acordar una solución alternativa, los diputados se habían dado dos días para intentar identificar que opción u opciones tendrían el respaldo de la mayoría.

Así, a partir del resultado de la votación del miércoles intentarán llegar a un consenso basado en el compromiso en otra sesión prevista el próximo lunes.

May admitió no confiar en que los diputados logren ponerse de acuerdo, pero alertó de que si lo consiguen no está obligada a acatar el resultado de una votación que no es vinculante. A lo que algunos diputados respondieron amenazando con presentar una proposición de ley para obligarla a hacerlo.

Los legisladores aprobaron, por otra parte, el miércoles cambiar oficialmente la fecha del brexit, inicialmente prevista para el 29 de marzo y que ahora será el 12 de abril o el 22 de mayo en función de si logran o no aprobar un acuerdo.