Las protestas añadieron presión al presidente Jacob Zuma, para que cumpla con las promesas del Gobierno de ayudar a los pobres.
Los disturbios aumentaron la incertidumbre después de una oleada de ataques y amenazas de acciones sindicales en la mayor economía africana.
El malestar, que trajo a la memoria los incidentes contra extranjeros en los que murieron 62 personas el año pasado, también perjudica el intento de Sudáfrica de brindar una imagen positiva a menos de un año del Mundial de Fútbol.
“Este siempre iba a ser un problema para Jacob Zuma, un Gobierno a favor de los pobres que llega al poder en la cúspide de la recesión global”, dijo el analista independiente Nic Borain.
“Este va a ser un verdadero desafío para Jacob Zuma y su Gobierno. No creo que sea una crisis para el Gobierno de Zuma, pero creo que es un desafío”, argumentó.
Manifestantes apedrearon autos y bloquearon una autopista cerca de Johannesburgo. En Siyathemba, un barrio pobre a 90 km al sudeste de la ciudad, residentes que demandaban trabajo y mejores escuelas chocaron con la policía y amenazaron al alcalde local.