El caso de Robert Latimer, el granjero de Saskatchewan que, finalmente, ha sido condenado a cadena perpetua por matar a su hija paralítica cerebral, ha desatado en Canadá el debate sobre la eutanasia.
Después de juicios, apelaciones y sentencias exculpatorias, la condena emitida el lunes por un tribunal de apelación convirtió el caso en una bandera, tanto para los partidarios como para los que se oponen a la eutanasia.
Cuando Robert Latimer decidió terminar con la vida de su cuarta hija, Tracy tenía 12 años, sufría parálisis cerebral desde su nacimiento, su edad mental era la de un bebé de tres meses, era incapaz de caminar, hablar o alimentarse por sí misma, y padecía constantes dolores que exigían operaciones quirúrgicas en espalda, caderas y piernas durante toda su vida.
En 1994, Latimer fue juzgado y condenado a cadena perpetua por el asesinato en segundo grado de Tracy, pero el juicio fue anulado por una supuesta actuación ilegal de la policía.
Tres años después, Latimer compareció de nuevo ante un juez y de nuevo fue hallado culpable del asesinato en segundo grado de su hija, pero esta vez el tribunal decidió utilizar una cláusula constitucional extraordinaria y fue puesto en libertad después de cumplir un año en prisión.
Ahora, tras la apelación del fiscal, los tres jueces del tribunal han determinado que la anterior decisión judicial fue tomada "sin base y por tanto no tiene efecto judicial", y decidieron sentenciar a Latimer a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional hasta dentro de 10 años.
La decisión del tribunal de apelación ha sido celebrada por los grupos antieutanasia y criticada por los abogados de Latimer, a los que sólo les queda un posible recurso al Tribunal Supremo o un perdón gubernamental.
Laura, la esposa de Latimer y madre de Tracy, declaró el lunes que estaba "paralizada" por la decisión, que su marido parecía haber recibido de mejor manera. Los Latimer nunca se han pronunciado sobre la eutanasia y nunca han elaborado ninguna justificación moral sobre la muerte de su hija.