
Considerado el mercado mayorista y al detalle más grande del Istmo, sus 84 hectáreas parten del centro histórico de Managua, desde donde creció en desorden y sin manejo apropiado de desechos.
Allí donde se vende la carne, los cerdos y reses son destazados frente a estrechos pasillos flanqueados por tramos bajo los cuales las vísceras, pellejos y huesos son tirados al piso o, a lo sumo, agrupados en un esquina.
Los cortes son puestos al aire libre en mesas cubiertas de plástico sin norma higiénica alguna.
El resto de desechos de comerciantes y consumidores son arrojados en cualquier lugar del mercado, lo que dificulta su evacuación en este laberinto de 10.800 tramos, según la Alcaldía de Managua, donde reinan por igual el hacinamiento y la variedad.
Aquí se puede adquirir desde repuestos de dudosa procedencia para cualquier vehículo y maquinaria hasta verduras, granos, ropa, materiales industriales, comida preparada o lácteos.
Házel Alvarado, por ejemplo, vende las iguanas y garrobos vivos entre 100 y 200 córdobas ($4 a $8) en el tramo que por 27 años han tenido su abuela y madre.
A sus 21 años, tiene un hijo de cinco y otro de uno, Gabriel, a quien a diario baña, amamanta frente a la pileta donde los animales son desmenuzados con machete y cuchillo para vender su carne.
Las calles y aceras de acceso están semidestruidas y en ellas abundan los indigentes y huele-pegas (adictos a pegamento).
Aun así, el sitio es esencial por el acceso a alimentos y bienes que da a unas 150.000 personas, quienes, en promedio, lo visitan cada día del fin de semana. Es fiel reflejo de la informalidad de la economía.
Ahí está el barrio Jorge Dimitrov, en el distrito cuatro; una de las “zonas rojas” de la capital.
Varios vecinos contaron a
En alamedas semejantes a tugurios, los niños descalzos y semidesnudos juegan futbol y beisbol frente a los desagues de aguas pluviales de la ciudad y ventas de comida casera. En Managua, el comercio informal de tortillas, frutas peladas, agua con hielo y pinchos de carne es común en las esquinas y en los cruces de calle.
El panorama cambia en aquellos lugares donde hay bonanza. En Santo Domingo de las Sierritas, en el distrito 5, destacan las propiedades de una o dos manzanas con residencias invisibles para los peatones: desde la calle solo se ven portones con adornos de herraje montados sobre muros de varios metros de altura provistos de cámaras de vigilancia y agentes de seguridad.
En esta zona de embajadas, la casa del embajador de EE. UU. y la legación de Venezuela están sobre la misma calle, hay escuelas bilingues como la Saint Dominique School y, en la iglesia de las Sierritas, el sacerdote ofrece a veces la homilía en inglés.