
Mogadiscio. AP. Ahmed Dahir Suleyman se muestra evasivo cuando habla sobre la red internacional que ayuda a los piratas que operan en África, frente a las costas de Somalía.
“Tenemos negociadores, traductores y agentes en muchos sectores... digamos, en todo el mundo”, declaró Suleyman en la ciudad portuaria de Eyl, donde están anclados numerosos barcos secuestrados.
“Esta gente nos ayuda a cobrar los rescates y a encontrar la gente con la que debemos negociar”, dijo el pirata. Antes de cortar la llamada a un teléfono celular, afirmó: “No puede preguntar más acerca de nuestros secretos”.
El enorme aumento en los actos de piratería en aguas frente a las costas de África registrado este año es posible en parte por una vasta red internacional formada mayormente por expatriados somalíes que aportan fondos, equipo e información a cambio de una tajada de los rescates, según funcionarios, investigadores y algunos miembros de esa red. Con la ayuda de esta gente, los piratas somalíes han cobrado al menos $30 millones en rescates durante este año.
“La diáspora somalí de todo el mundo se dedica ahora a este negocio”, manifestó Michael Weinstein, experto en Somalia de la Universidad de Purdue, de Indiana, Estados Unidos. Dijo que funciona como una empresa en la que uno compra acciones, por así decirlo, y se lleva un porcentaje del rescate.
Weinstein expresó que en sus entrevistas con personas que han participado en las negociaciones y con somalíes comprobó que la piratería llegó incluso a Canadá, donde viven 200.000 somalíes.
John S. Burnett, autor inglés que trabaja en un libro sobre los secuestros de barcos frente a las costas de Somalia, sostuvo que no hay dudas de que los piratas somalíes son parte de una organización delictiva internacional. Indicó que sus fuentes, incluidas personas involucradas en la negociación y el pago de rescates, revelan que el dinero llega a veces a Canadá y a varias capitales europeas.
“Lugares como Eyl reciben solo una parte de los millones obtenidos en los rescates. La diáspora somalí es enorme”, expresó.
El jeque Qasim Ibrahim Nur, director de seguridad del Ministerio del Interior y Seguridad Nacional de Somalia, dijo que hay indicios de que expatriados de Kenia y Emiratos Árabes Unidos son componentes importantes de estas redes, pero declinó dar más detalles. Agregó que no hay dudas de que los piratas tienen apoyo fuera de Somalía.
Un portavoz del Gobierno keniano dijo que se estaba investigando el asunto. Un vocero del Gobierno de los Emiratos, por su parte, negó que desde allí se dirijan las operaciones de los piratas.
Da la impresión de que los arreglos con los inversionistas son bastante informales. En general funcionan mediante una red informal de transferencias llamada “hawala”, operada mayormente por gente de una misma familia. Un agente recibe el dinero en un sitio y le pide a un pariente o amigo en otro país que le entregue esa suma a alguien. Es un sistema sin papeleo, de acuerdos verbales, muy común en Oriente Medio y en partes de Asia y África.
Se cree que se está usando ese sistema para canalizar los fondos de la piratería, en la que los rescates se pagan en efectivo, a menudo arrojando bolsas desde helicópteros. Los piratas admiten que usan asistencia del exterior.
“Lo único que puedo decirles es que tenemos gente en países que ayudan con equipo sofisticado, como máquinas para contar dinero, a cambio de un porcentaje de ganancias”, dijo Suleyman.
Roger Middleton, experto en Africa oriental de la fundación londinense Chatham House, indicó que en el pasado se pagaban los rescates a través de expatriados somalíes de todo el mundo.
Los piratas somalíes también se apoyan en una red de funcionarios corruptos deseosos de conseguir dinero en una región que no produce nada. Con frecuencia anclan los barcos a plena vista, frente a puertos costeros, sin que nadie los moleste.
La piratería, de hecho, ha revivido varios pueblos costeros, donde han aparecido suntuosas mansiones y autos de lujo. Los piratas a menudo se casan con varias mujeres y se pasean por las calles en uniforme militar, portando armas automáticas. Este año han atacado un centenar de barcos.