El general Augusto Pinochet, que ayer estuvo en la primera plana de la prensa internacional, paradójicamente se ha convertido en un hombre invisible desde que fue aprehendido en Londres, donde su estadía forzada tiene todas las posibilidades de prolongarse.
Ni una sola foto del general de gafas oscuras y gesto feroz de otros tiempos ha sido tomada desde su sorpresiva detención el 16 de octubre cuando se encontraba en una clínica londinense.
Tampoco la más mínima sombra de su silueta detrás de las cortinas de una ventana de la habitación donde está relegado.
La prensa ha tratado en vano de conseguir una imagen del "fantasma", ni siquiera cuando fue trasladado el 29 de octubre pasado a una clínica psiquiátrica de lujo al norte de Londres, en una ambulancia con los cristales cuidadosamente oscurecidos.
De Pinochet, solo rumores aparecen, como la versión divulgada ayer por el diario madrileño El País, según la cual el exdictador rompió en sollozos cuando se enteró que enfrenta la amenaza de ser extraditado a España bajo cargos de genocidio, tortura y terrorismo.
A Pinochet una intérprete le leyó el miércoles la noticia en español, en el hospital londinense donde permanece bajo guardia policial, media hora antes que el tribunal supremo de la justicia británica anunciara públicamente que ratificaba su detención y dictaminó que no gozaba de inmunidad.
El País, citando a "fuentes fidedignas" afirmó que el hombre a quien se responsabiliza por la muerte y tortura de miles de personas durante su régimen entre 1973 y 1990, y que el miércoles celebró sus 83 años, puso la cara entre las manos y sollozó.
Añadió que la intérprete debió leerle dos veces la notificación, debido a que en la primera no alcanzó a comprender la magnitud de la determinación.
La evolución de su salud, después de una operación por una hernia lumbar, sigue siendo también un misterio. Muchos rumores y confidencias han salido de sus allegados, los únicos autorizados a visitarlo.
"Mi marido dejó de sonreír y perdió el apetito", afirmaba su esposa, Lucía Hiriart, poco tiempo después de que fuera aprehendido.
Por lo pronto, lo único que se sabe es que el militar se quedará más tiempo del que deseaba en Londres. La noche del miércoles los colaboradores de Pinochet hacían los arreglos para trasladarlo a una casa, ubicada en el campo, donde el general en retiro deberá esperar la decisión del Ministro del Interior británico, Jack Straw, que debe determinar si da su aval al proceso de extradición.