Atenas. El papa Juan Pablo II, pese a una división de 1.000 años, expresó ayer su pesar por los "pecados de acción y omisión" contra los cristianos ortodoxos, que incluyeron el saqueo del antiguo centro del Bizancio griego.
La declaración, aguardada por los jerarcas ortodoxos, podría proveer una nueva base para el intento del Papa de alentar un diálogo entre las dos apartadas ramas del cristianismo.
Especialmente importante para los ortodoxos fue la clara expresión de remordimiento por el "desastroso" saqueo de Constantinopla por parte de los cruzados en 1204, lo que contribuyó al derrumbe del imperio bizantino unos tres siglos después. La caída de la ciudad ahora Estambul, Turquía es una de las controversias que emponzoñaron las relaciones entre las dos iglesias.
Por sorpresa
El alcance de la declaración del Pontífice al parecer tomó por sorpresa a los líderes ortodoxos griegos.
Ningún clérigo ortodoxo de alta jerarquía acudió al aeropuerto para darle la bienvenida al Papa de 80 años de edad, quien besó un tazón con tierra griega que le fue presentado por dos niños de una iglesia comunitaria católica.
El tradicional gesto fue realizado con cierto titubeo, ante la preocupación de que pudiese disgustar a los ortodoxos fanáticos que se oponían a la visita.
A los líderes ortodoxos griegos también les preocupaba la reacción airada de sus seguidores si acaso daba una bienvenida muy pomposa al Papa, pero solo unas horas después de su llegada, se aprestaron a aplaudir y abrazar a Juan Pablo II.
"Es trágico que los atacantes, que buscaban el libre acceso de los cristianos a la Tierra Santa, se volvieran contra nuestros hermanos en la fe. El hecho de que fueran cristianos latinos llena a los católicos de profundo pesar", expresó el Pontífice a su llegada a Atenas para iniciar un peregrinaje de seis días con el objeto de recorrer los pasos del apóstol Pablo. El viaje también incluye Siria y Malta.
Juan Pablo II pidió a Dios perdón por "las ocasiones, pasadas y presentes, en que hijos e hijas de la Iglesia Católica pecaron por acción u omisión contra sus hermanos y hermanas ortodoxos".
El jefe de la Iglesia Ortodoxa Griega, el arzobispo Christodoulos, aplaudió mientras el Papa hablaba.
La declaración continúa el esfuerzo del papa por empezar el milenio con oraciones de contrición por las maldades cometidas por los católicos a través de los siglos, incluso maltrato de mujeres y miembros de minorías.
En marzo del 2000 en un peregrinaje bíblico similar visitó en Israel el monumento al Holocausto, por las víctimas de la Alemania nazi, y dijo que la Iglesia estaba "profundamente apesadumbrada" por la persecución de los judíos por parte de los cristianos.
Pero la división con los ortodoxos puede ser la más difícil de zanjar.
El cristianismo se dividió en dos ramas hace casi 1.000 años a causa de controversias sobre la autoridad papal. Algunos clérigos ortodoxos, encabezados por griegos y rusos, son profundamente críticos del Vaticano y se oponen a todo intento de reconciliación.