
El obispo que calmó la ira de las víctimas en uno de los primeros escándalos de abuso sexual en sacudir a la Iglesia Católica de Estados Unidos reemplazará al cardenal Bernard Law como jefe de la arquidiócesis de Boston, según una información publicada ayer.
El Vaticano anunciará en los próximos días que el Papa designó al obispo Sean Patrick O’Malley, de la ciudad de Palm Beach, en el estado de Florida, como nuevo arzobispo de la mayor diócesis católica del país, dijo John Allen Jr., corresponsal del semanario estadounidense National Catholic Reporter, que publicó la noticia en su sitio de Internet.
Boston fue el epicentro de un escándalo de abusos sexuales contra niños por parte de sacerdotes y, de ser confirmada la noticia, O’Malley deberá llevar al nuevo cargo su experiencia en tratar los casos.
Law renunció en diciembre después de un escándalo en el que se reveló que sacerdotes acusados de abusos sexuales fueron transferidos de parroquia en parroquia, en vez de ser expulsados o llevados a la justicia.
El Vaticano no hizo comentarios de inmediato, aunque fuentes de la Santa Sede dijeron que O’Malley, de 59 años, estaba entre los candidatos al arzobispado de Boston.
Portavoces tanto de la arquidiócesis de Boston como de la diócesis de Palm Beach no respondieron a llamadas telefónicas para que ofrecieran comentarios.
Pero Roderick MacLeish, un abogado representante de supuestas víctimas de abusos sexuales, dijo que conocía a O’Malley desde hacía una década y que sería la persona más adecuada para el puesto.
“Si esto es verdad, es una noticia extraordinaria. Es extremadamente humilde y muy compasivo”, dijo Roderick MacLeish, un abogado representante de centenares de personas que están demandando a la arquidiócesis de Boston por denuncias de abuso sexual.
O’Malley, un franciscano, fue obispo de Fall River, Massachusetts, de 1992 al 2002, donde tuvo que atender el caso del padre James Porter, un cura encarcelado por más de tres docenas de cargos de abusos contra niños.
Nacido en Lakewood, en el estado de Ohio, O’Malley estableció un sistema de revisión de antecedentes y conducta de empleados y sacerdotes para impedir que se repitieran los abusos, y MacLeish elogió al obispo por su disposición a comunicarse con las víctimas de Porter y por la rapidez con que resolvió los casos.