"Vivimos el pánico de la muerte; vimos morir a mucha gente", narró un habitante del deprimido sector de El Cartucho en el centro de Bogotá, mientras mostraba la destrucción que dejaron tres explosivos que mataron al menos a 15 personas en un ataque que estaba destinado al Palacio Presidencial, a solo 400 metros del lugar.
Allí quedaron, minutos antes, los cuerpos esparcidos de 15 indigentes, entre ellos tres niños, que murieron en la explosión ocurrida en momentos en que Álvaro Uribe tomaba posesión como nuevo presidente de Colombia.
"Sentimos el drama de la muerte de cerca. Fue increíble. Qué tragedia. Vi a un niño mutilado. Esto no era para nosotros era para el nuevo presidente, entonces, ¿por qué tenemos que sufrirlo los más pobres, los inocentes?", se preguntó Uriel Duque, un indigente de 44 años que ha vivido casi toda su vida en El Cartucho, uno de los sectores más peligrosos y marginales de la ciudad.
Un policía, que participó en la operación de rescate de víctimas, explicó que en el lugar no fueron encontrados restos de cilindros bomba (tanques de gas repletos de explosivos), y señaló que se trató de morteros lanzados desde un barrio cercano y que iban dirigidos al Palacio de Nariño.
Poco antes de las explosiones en El Cartucho, cuatro policías resultaron heridos por tres artefactos explosivos, de los cuales al menos uno explotó en la parte exterior de la Casa de Nariño.
Toda la escalada de atentados contra la sede presidencial y distintos sectores de Bogotá dejó, además de los muertos, 46 heridos, cuatro de ellos de gravedad, estimó la secretaria de Gobierno, Soraya Montoya.