La Organización Mundial de la Salud (OMS) mostró ayer su "profunda preocupación" por los "serios problemas de salud" que afectan a ciudadanos del sureste de Asia causados por los incendios forestales en Indonesia, y pidió a la comunidad internacional que apoye a los países afectados.
En un comunicado, la OMS indicó que la contaminación del aire ha llegado a niveles de emergencia y que las consecuencias para la salud de las personas pueden ser muy graves si los fuegos no son extinguidos rápidamente.
Miles de indonesios se ven forzados a llevar máscaras para protegerse del aire contaminado.
La peor parte la llevan los habitantes de las islas de Sumatra y Borneo, donde los casos de afecciones respiratorias graves se cuentan por miles y los ingresos o tratamientos en los hospitales por esta causa se realizan diariamente a centenares, al igual que en los países vecinos, como Malasia, Brunei o Singapur, donde la situación es igualmente peligrosa.
En las últimas horas, la humareda ha comenzado a afectar a otros países de la región, como Tailandia y Filipinas.
De cuidado
Los efectos para la salud a causa de este tipo de contaminación atmosférica son un agravamiento de la tos y de los problemas de las vías respiratorias inferiores, lo cual obliga a incrementar el uso de los broncodilatadores para los pacientes asmáticos, el aumento de los ingresos en hospitales y de la mortalidad diaria.
Además, existen problemas crónicos como un incremento de la incidencia de la bronquitis crónica; asimismo, la combustión incompleta de la madera es asociada también con la emisión de otros componentes de las partículas en suspensión que perjudican la salud.
Unos 35.000 indonesios han requerido de tratamiento médico y, al menos, dos personas han muerto por problemas vinculados con la contaminación, según estimaciones gubernamentales.
Los ancianos y bebés con infecciones de tórax que viven en pueblos pequeños con insuficiente asistencia médica son quienes afrontan mayores riesgos.
Las partículas de humo contienen dióxido de carbono y óxido de nitrógeno, que son venenosos si penetran en el flujo sanguíneo. La situación es peor para niños menores de diez años.
"El humo reemplaza el oxígeno en la sangre y puede provocar somnolencia", dijo De Haan. "Los pulmones necesitan aire puro y la única solución es frenar la contaminación o pedir a la gente que deje de respirar", agregó con un punto de desenfado.