Las tempestades de nieve y de frío continúan perturbando y hasta paralizando la vida en varios países de Europa y, en el peor de los casos, han cobrado la vida de por lo menos 47 personas en los primeros cinco días del año.
En Rusia, el invierno que este año ha sido especialmente riguroso, mata a diario a decenas de bebedores que se quedan dormidos a la intemperie, ha sepultado las carreteras en el Cáucaso y tiene a decenas de miles de personas sin calefacción.
En Moscú, la capital, la ola de frío ha matado a 23 personas, en su mayoría bebedores alcohólicos que se quedan dormidos en las calles (nota aparte) .
En Grecia, el Gobierno decretó ayer estado de emergencia debido a las dificultades de la circulación y apagones, como consecuencia de la nieve que cae sin cesar durante las últimas 24 horas y que cobró ya ocho muertes.
En Turquía, la fuerte nevada paralizó la vida de la capital (Estambul) y otras regiones altamente pobladas.
Esta situación obligó al Gobierno a crear un gabinete de crisis para afrontar las extraordinarias condiciones del invierno, que ha causado la muerte de cuatro personas.
En Polonia, 12 personas murieron congeladas en los dos primeros días del 2002, lo que elevó a 220 el número de fallecidos desde el 15 de noviembre por las bajas temperaturas, informó ayer la Comandancia Nacional de la policía.
La cifra de fallecidos hasta ahora supera en ocho las víctimas de todo el invierno anterior, aunque los especialistas auguran un mayor número de muertos porque se avecina una nueva ola de frío con unas temperaturas de más de 20 grados bajo cero.
En Bulgaria, las fuertes nevadas provocaron ayer el descarrilamiento de un tren de carga en la vía férrea internacional Sofía-Estambul (Turquía), en el sur de Bulgaria, mientras en el noroeste del país la nieve dejó aisladas un centenar de aldeas.
Con la ayuda del ejército uno de los vagones del tren de carga fue colocado de nuevo sobre los rieles, pero todavía varios quedan descarrilados.