
Bishkek. Reuters. Un día después de tomar el poder por medio de un rápido golpe de Estado, la oposición de Kirguistán nombró ayer a un nuevo presidente en funciones y obtuvo el respaldo casi inmediato -y vital- de Rusia.
El gobierno del veterano presidente Askar Akáyev, quien huyó del país, colapsó el jueves luego de que miles de manifestantes irrumpieron en el principal edificio del gobierno en Bishkek, desatando el caos y los saqueos.
El líder de la oposición, Kurmanbek Bakiev, quien jugó un papel central en las protestas que provocaron la caída de Akayev, dijo que había sido designado como presidente en funciones.
Las nuevas autoridades decretaron el toque de queda en la capital para frenar los desórdenes y saqueos que la noche del jueves se saldaron con al menos tres muertos y centenares de heridos.
"Fue un frenesí de saqueos, al igual que en Iraq", dijo Felix Kulov, ministro del Interior designado ayer por el nuevo presidente.
Los líderes de la oposición que asumió el poder planean realizar elecciones presidenciales en junio, dijo otra figura opositora.
"Habrá una nueva elección presidencial para junio del 2005", dijo Roza Otunbayeva, exministra de Relaciones Exteriores.
El presidente ruso, Vladimir Putin, dijo que Moscú está listo para trabajar con la oposición kirguís y ofreció refugio en Rusia a Akayev, quien huyó al exterior.
Tercera revolución. Kirguistán se convirtió en la tercera exrepública soviética en dos años después de Georgia y Ucrania donde revueltas populares tras reñidas elecciones remueven al gobierno.
Pero es la única donde las protestas alcanzaron ribetes violentos y también la única donde la oposición que llegó al poder rápidamente obtuvo el apoyo de Moscú, que alguna vez dominó la región.
A diferencia de los nuevos líderes de Georgia y Ucrania, la oposición kirguís no muestra interés en dirigirse hacia Occidente y alejarse de la influencia rusa.
Akayev era liberal en comparación con otros gobernantes autocráticos de Asia Central, pero no pudo sacar de la pobreza a la población del país, un total de cinco millones de habitantes que en su mayoría viven con un dólar por día.
Fue eso, dicen analistas, lo que apuntaló las protestas contra los resultados de elecciones parlamantarias en febrero y marzo, consideradas fraudulentas.