El presidente estadounidense, Barack Obama, alertó desde la Casa Blanca que “esto no acabó” y que las labores de recuperación podrían durar semanas.
“Los impactos de esta tormenta se sentirán por algún tiempo. Y el esfuerzo de recuperación durará semanas o más. Puede haber falta de energía durante algunos días en varias zonas”, señaló.
El Gobierno se ha esforzado para presentar a Obama como un presidente comprometido en todos los aspectos de la tormenta, al divulgar fotografías y despachos de cómo Obama se informaba de los pormenores de Irene conforme se se acercaba al país.
El ojo de la tormenta, que produjo vientos de 105 km/h y lluvia casi horizontal, pasó por Nueva York en la mañana, mientras millones de personas estaban sin electridad en la costa este.
En la Gran Manzana, donde se lanzó una inédita orden de evacuación obligatoria para 370.000 personas, hubo potentes lluvias, relámpagos, reportes de tornados y fuertes ráfagas de viento.
No obstante, la ciudad salió casi ilesa del tan temido huracán degradado a tormenta tropical, el primero en amenazar la ciudad desde Gloria en 1985, pues solo hubo inundaciones en calles y subsuelos y caídas de árboles.
Los sitios más golpeados fueron Coney Island (Brooklyn), donde el agua subió hacia las 8:45 a. m. locales (7:45 a. m. en Costa Rica) y Long Island, en el noreste del estado de Nueva York, por daños en los tendidos eléctricos.
También cerca de los ríos Hudson y East, en el Bajo Manhattan, y en distintos puntos de las vías de circunvalación de la ciudad, se detectaron inundaciones; así como en otras áreas de Brooklyn, Queens y Staten Island.
Nueva York se había convertido en una ciudad fantasma desde el sábado a mediodía, con el transporte público suspendido, aeropuertos sin operación alguna y la gran mayoría del comercio cerrado.
“Lo peor ha pasado”, anunció el alcalde Michael Bloomberg ayer, quien no pudo brindar una fecha para la reanudación del servicio de metro, clave para el desplazamiento diario de millones de residentes.
No obstante, los rascacielos de la isla de Manhattan, el corazón de la ciudad, apenas sufrieron daños y muy alejados del escenario que temían las autoridades de la ciudad si el ciclón hubiera mantenido su fuerza antes de tocar la costa.
Desde que llegó a tierra el sábado por la mañana, Irene dejó 18 muertos; cinco en Carolina del Norte: el primer estado en sufrir sus estragos con vientos de hasta 140 km/h, según cifras oficiales.
Las otras muertes se registraron en Virginia (cuatro), Nueva Jersey (dos), Pensilvania (tres), Florida (dos) y uno en Connecticut y en Maryland.
Después de Nueva York, la tormenta tropical, que se desplazó hacia el norte a una velocidad de 40 km/h, pasó por Cape Cod (Massachusetts), de acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes (NHC).
Las compañías eléctricas sí advirtieron que podría tomar dos semanas antes de que todos los usuarios recuperen el servicio.
Residentes en zonas alejadas del mar también sintieron el impacto del huracán, que atravesó la costa atlántica del país, una de las zonas más pobladas del mundo con unos 65 millones de habitantes.
El huracán causó algunos tornados en estados como Delaware, Maryland y Carolina del Norte, donde causó numerosos destrozos.
El caos provocado en las terminales aéreas del este del país continuará durante la semana luego de que el fenómeno obligara a cancelar alrededor de 10.000 vuelos.