
Managua. DPA. Nicaragua padece los efectos de una huelga nacional de transporte, que ayer entró en su cuarto día, y de un nuevo proyecto de racionamiento eléctrico que amenaza con perjudicar la producción y el comercio a nivel nacional.
Transportistas de carga, autobuses interurbanos y taxis bloquearon ayer las carreteras en diversas zonas del país, para demandar al gobierno de Daniel Ortega que “congele” el precio de los combustibles o autorice un subsidio al sector.
Las autoridades no han ofrecido una respuesta efectiva al conflicto, que amenaza con extenderse en las próximas horas al sector de autobuses urbanos de Managua, el cual moviliza a diario a casi 900.000 trabajadores, estudiantes y comerciantes de la ciudad.
Aunque los transportistas de la capital reciben desde hace años un subsidio, los líderes del sector han dicho que podrían sumarse a la huelga como un gesto “solidario” hacia sus colegas, que mantienen paralizado el transporte público desde y hacia el interior del país.
“Sí, hay una crisis debido al precio del combustible, pero pedir subsidio para el transporte de carga es incoherente, quién va a pagar la diferencia?”, expresó el diputado Edwin Castro, jefe de la bancada del gobernante Frente Sandinista en el Parlamento.
Los transportistas exigen “congelar” en $2,1 el precio del galón (3,8 litros) de diésel, que se cotiza hasta en $6 en las provincias más alejadas de la capital.
Además, las autoridades nicaragüenses confirmaron ayer un nuevo plan de racionamiento eléctrico, debido a un déficit que alcanzó los 72 megavatios.
Los apagones afectan a más de 600.000 usuarios de la energía eléctrica en todo el país, con cortes de luz de tres a siete horas por día, confirmó el ministro de Energía, Emilio Rapaccioli, quien añadió que el problema reside en la escasez de búnker usado en las plantas.