Costa Rica se ha convertido en “uno de los mayores receptores de ciudadanos de terceros países” deportados por Estados Unidos, señala la periodista Krista Mahr en un ensayo publicado por The New York Times este martes 22 de setiembre.
En un texto dedicado a analizar la política de deportaciones de Estados Unidos, Mahr describe las alternativas que tienen estas personas una vez trasladadas al país: pueden intentar salir de Costa Rica por cuenta propia, solicitar refugio o permanecer temporalmente para trabajar.
Según la autora, quienes optan por quedarse pueden recibir un permiso humanitario temporal de hasta un año y apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
“Desde principios del año pasado, el gobierno estadounidense ha enviado a más de 600 hombres, mujeres y niños de decenas de países a este pequeño país centroamericano con el que tienen pocos o ningún lazo”, escribe la periodista.
El gobierno de Estados Unidos también financia esa asistencia, señala la periodista, quien no detalla el total de la inversión. Previamente, La Nación ha consultado a Cancillería y a la Embajada de los Estados Unidos sobre los montos invertidos en este programa, sin recibir respuesta específica.
La Nación envió consultas a la Cancillería para conocer específicamente cómo se está aplicando ese permiso humanitario, cuáles son las condiciones para trabajar y cuánto está invirtiendo Estados Unidos en el programa.
Mahr también señala que, en agosto, el gobierno costarricense suspendió temporalmente las visitas previamente autorizadas de abogados y defensores de derechos de los migrantes a los hoteles donde se encuentran las personas deportadas.
Según la periodista, las autoridades argumentaron que algunos migrantes se habían sentido incómodos durante el proceso.
La Nación consultó igualmente a Cancillería sobre esa suspensión, su plazo y sus condiciones.
Lo que ocurre después de la deportación
Según Mahr, las personas trasladadas enfrentan varias alternativas: regresar a sus países de origen, buscar una vía para salir de Costa Rica o permanecer en el país.
La autora relata que algunos de los migrantes con quienes habló dijeron sentirse confundidos y frustrados y que no recibían suficiente información sobre trámites como solicitar refugio, encontrar empleo o abrir una cuenta bancaria.
Eso coincide con informaciones previas publicadas por La Nación, como el caso de German Smirnov, que relató este medio en octubre de 2025 y que retoma Mahr en el Times ahora.
El director de Migración, Omer Badilla, negó al Times que se limite la información a los migrantes. Según la periodista, el jerarca recalcó que no es responsabilidad del gobierno hacerlo todo.
Mahr dice que Badilla agregó “en tono de broma”: “Si lo que quieren ellos es información sobre ir a una playa en Costa Rica, pues probablemente los protocolos institucionales nuestros no estén diseñados para decirles que vayan a una playa en Costa Rica”.
“Nos encadenaron de las manos, de los pies, la cadera (...). Yo les pedía que necesitaba hablar con el juez, porque yo sabía que tan pronto llegara a mi país, yo no iba a durar más de dos horas”, relata un hombre colombiano al Times.
“Dijo que no supo que iba a Costa Rica hasta que aterrizaron. Al principio, se sintió aliviado; los funcionarios costarricenses fueron acogedores. La sensación no duró. No puede encontrar suficiente trabajo para mantener a su familia en su país y no tiene otro lugar a donde ir”, escribe la periodista.
El reporte coincide con situaciones documentadas previamente por La Nación. En julio, este medio explicó que las personas trasladadas desde Estados Unidos pueden solicitar refugio y que, mientras se estudia su caso, pueden permanecer legalmente en Costa Rica y pedir autorización para trabajar.
La Nación también informó de que la OIM administra aspectos como alojamiento, alimentación, transporte, atención médica, acompañamiento psicosocial e información sobre las opciones migratorias.
En otro reportaje, La Nación detalló que los grupos trasladados al país proceden de decenas de nacionalidades. El director de Migración y Extranjería, ha dicho que Costa Rica acepta únicamente a personas que no registren antecedentes penales.
Badilla también explicó anteriormente a La Nación que las personas pueden desplazarse libremente fuera de los hoteles y que quienes deciden permanecer en Costa Rica disponen de un plazo para definir su situación migratoria.
El ensayo de Mahr forma parte de la serie de The New York Times titulada “The New World Disorder”, dedicada a examinar cómo distintos países están respondiendo a cambios en el orden internacional impulsado por la segunda administración de Donald Trump.
En su texto sobre Costa Rica, la periodista contrapone la llegada habitual de turistas estadounidenses al país con los vuelos que, cada semana, trasladan a personas deportadas que en muchos casos no tienen vínculos con Costa Rica.
El reporte también recoge testimonios de personas procedentes de países como Nigeria, Azerbaiyán, China, Colombia, Brasil, República Democrática del Congo y Camerún, quienes, según Mahr, manifestaron temor de regresar a sus países de origen.
