Sidney. El murciélago forma parte de la dieta típica de los lugareños de las Islas Fiyi, pero su comercialización indiscriminada para la elaboración de exquisiteces culinarias está acabando con esta especie en el Pacífico.
El biólogo Jorge Palmeirim, que coordina un censo de la población de murciélagos voladores efectuado por la Universidad del Pacifico Sur (UPS), explicó que este animal se encuentra "protegido internacionalmente, sin embargo, aún se comercializa en Palau y en Papúa Nueva Guinea".
"En algunas islas del Pacífico, como Guam y las islas Marianas, se paga hasta $50 (¢16.000) por cada ejemplar", agregó el científico de origen portugués.
Apetecido
El murciélago frutero de Samoa, una especie que se encuentra en Tonga desde épocas prehistóricas y cuya supervivencia peligra, representa el ingrediente principal de un plato que se elabora con leche de coco.
Palmeirim destacó que el samoa pteropus samoensis conocido en Fiyi como Beka Lulu "es una de las presas preferidas por los cazadores porque es un animal diurno".
El favorito de los fiyianos es el pteropus tonganus, que también se alimenta de frutas y cuya presencia es más abundante en la región del Pacífico.
"Las tribus más alejadas los hierven o cocinan en fogatas sin retirar piel, cabeza ni extremidades", señaló el biólogo.
"Como científico prosiguió no me opongo a que los fiyianos los coman, siempre y cuando su consumo no sobrepase los niveles sostenibles. El problema surge en otras islas del Pacífico donde se les mata con fines de lucro".
Su comercialización irracional también afecta a la preservación de los bosques y la fauna de las islas del Pacífico, dado que estos mamíferos contribuyen al proceso de fertilización de reino vegetal.
"Los murciélagos fruteros también fertilizan las flores de varias islas del Pacífico gracias a su habilidad para volar y, además, una colonia de entre cien y doscientos murciélagos es capaz de comer un kilo de mosquitos por noche", explicó.
En Australia, la presencia de estos animales contribuye a la destrucción de varios árboles nativos y espantan a los turistas que visitan los Jardines Botánicos de Melbourne y de Sydney, donde moran.
Sin embargo, el daño que causan es mínimo comparado con la destrucción de sus hábitats naturales como consecuencia de la tala industrial en las pequeñas islas del Pacífico y a la introducción de gatos salvajes.
Según el censo sobre la población de murciélagos fruteros, en la que también colaboró la Universidad de Lisboa, la situación más crítica la sufre el murciélago cara de mono de Fiyi, pteralopex acrodonta.
El cara de mono, considerado en el mundo como uno de los mamíferos más vulnerables, es único en la isla fiyiana de Teveuni, cuya extensión se limita a unos ocho kilómetros cuadrados.