
Sus propuestas rayan en lo folclórico, su simbología recuerda la parafernalia nazi y el arraigo que ha logrado entre militares y marginales de Perú no deja de inquietar a las autoridades.
El autodenominado Movimiento Etnocacerista emergió en vísperas del nuevo año con la sorpresiva toma de un cuartel policial en la localidad andina de Andahuaylas, y un llamado a la renuncia del presidente Alejandro Toledo, a quien acusaron de estar entregado a Chile, país al que ven como un enemigo histórico.
Después de dejar cinco policías muertos, el grupo encabezado por el pintoresco exmilitar ultranacionalista Antauro Humala se entregó el 5 de enero y sus dirigentes fueron arrestados.
Aunque el alzamiento pareció flor de un día, manifestaciones de apoyo en el sur de Perú y en la capital, Lima, sugiere que tiene más arraigo del que puede esperarse de un movimiento que pregona un retorno al imperio incaico.
Analistas peruanos compararon el discurso de Antauro Humala con el fascismo alemán. De hecho el libro Ejército peruano: milenarismo, nacionalismo y etnocentrismo de Humala predica a los militares su ideal de lucha étnica, similar a los llamados de Adolfo Hitler a preservar la pureza de la raza aria.
"Este grupo tiene una ideología con sesgos fascistas, militaristas, nacionalista y hasta antijudío", comentó Agustín Haya, director de la escuela de posgrado de Ciencias Políticas de la universidad peruana de San Marcos.
Haya, un exdiputado, comentó en una entrevista telefónica que la emergencia de un grupo como este fue posible por la incompetencia del gobierno de Toledo, que no ha llenado las expectativas de amplios sectores de la población.
A su juicio, aunque el mensaje ultranacionalista y antichileno tiene cierta llegada en Perú, su tono extremista le impide contar con una amplia base de apoyo.
La lucha del grupo aspira a la fundación de una nueva república en Perú, que respete el legado cultural inca, nacionalice la industria, reinstaure la pena de muerte y libere el cultivo de la coca.
Propuesta trasnochada
Su nombre refleja sus fuentes de inspiración: lo étnico apunta a una vuelta al pasado inca del Perú y lo cacerista se refiere a Avelino Cáceres, quien encabezó una guerra de guerrillas durante la guerra contra Chile, de 1879.
Los etnocaceristas habían aparecido en el escenario político peruano en el 2000, cuando el militar Ollanta Humala, hermano de Antauro, se alzó en un cuartel de la ciudad sureña de Tacna en contra del entonces presidente Alberto Fujimori, acosado por denuncias de corrupción.
Tras el fracaso del alzamiento, Ollanta obtuvo perdón del Congreso y se reincorporó a las actividades militares.
En su libro, Antauro reveló que la intención en Tacna era emprender una larga marcha para establecer una zona etnocacerista en los Andes peruanos.
El movimiento surge en momentos que la idea de acceder al poder por las armas está casi desterrada en América Latina, después de que los grupos insurgentes operaron desde Guatemala hasta Argentina en los años 70.
Para el historiador Nelson Manrique, el etnocacerismo encontró acogida en Perú por el componente autoritario de su discurso, que ha atraído a sectores marginales, indignados por su situación de miseria, y militares ofendidos por la corrupción.
En el 2001, Antauro Humala llegó a aparecer en las encuestas de opinión con alrededor de 6% de apoyo popular, en momentos que los políticos populares escasamente tienen 20% de respaldo. Desde entonces ha perdido apoyo.