SHANGHAI, China (AFP) Uno de los fabricantes de caramelos más conocidos de China, que comercializa entre otras la marca White Rabbit (Conejo blanco), anunció este viernes la suspensión de la venta en China de sus productos sospechosos de contener melamina, indicó la agencia Nueva China.
La firma Bright Food Co, basada en Shanghai, había repatriado primero todo sus productos exportados a Singapur tras el descubrimiento de rastros de melamina, una sustancia química, en sus caramelos White Rabbit.
Las autoridades sanitarias canadienses también pusieron sobre aviso el jueves a la población contra la distribución y consumo de caramelos de esta marca y avisaron a los importadores y distribuidores de que cesaran la distribución e iniciaran una retirada voluntaria del producto, indicó la Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos (ACIA) en un comunicado.
Ningún caso de enfermedad asociada al consumo de estas golosinas fue señalado en Canadá, precisó la agencia. Tampoco en China se señalaron casos.
En Londres, Tesco, número uno británico de la gran distribución, anunció el miércoles que había suspendido la venta de caramelos White Rabbit.
Estas retiradas del mercado se producen tras salir a la luz un escándalo de leche adulterada con melamina que ha causado la muerte de cuatro lactantes en China, donde 53.000 niños han tenido que ser atendidos de problemas renales.
Según la agencia Nueva China, los caramelos White Rabbit se exportan a unos 20 países, sobre todo al sudeste asiático.
La reputación de los productos "made in China" ha quedado gravemente empañada por este nuevo escándalo de seguridad alimentaria después de una serie de casos en los últimos años.
Los europeos decidieron no reparar en medios y prohibieron las importaciones de todos los productos alimentarios infantiles provenientes de China, que puedan contener leche en polvo, como el chocolate, las golosinas y las galletas.
China anunció el jueves que quería dotar con más medios al sistema de control de la seguridad alimentaria.
En un comunicado conjunto, el Fondo de las Naciones Unidas para Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaron que "cualquier intento de engañar al público en el ámbito de la producción alimentaria es inaceptable".
"La adulteración deliberada de alimentos destinados a ser consumidos por bebés vulnerables o niños de corta edad es particularmente deplorable", agregaron las dos organizaciones internacionales.
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