Las joyas, coronas, espadas y piedras preciosas apiladas desde hace siglos en las bodegas del mausoleo de Alí, en la ciudad santa de Nayaf (centro de Iraq), retrasan el traspaso de la mezquita al gran ayatolá Alí Sistani.
Sistani, figura emblemática de los chiitas iraquíes, aceptó retomar las llaves del mausoleo como le propuso el jefe radical chiita Moqtada al-Sadr, pero primero quiere asegurarse de que sus milicianos no se han aprovechado de las riquezas del lugar sagrado durante los cinco meses de ocupación.
“El mausoleo contiene tesoros inestimables, cuyo valor solo conoce el Waqf (autoridad de los bienes religiosos) chiita, declaró Salah Abdelrazzak, director de información del Waqf.
Citó como ejemplo una de las bodegas situadas debajo del mausoleo que contiene regalos de reyes, emires y presidentes árabes y musulmanes. “Hay coronas, espadas, joyas, piedras preciosas, jarrones de oro y plata, suntuosas alfombras, candelabros de cristal y copias muy raras del Corán”, explicó.
Varias llaves
“Cuando se habla de llaves, no se trata de una, sino de varias, para las puertas exteriores del recinto, las cajas fuertes en las que se encuentran los tesoros y el propio mausoleo en el que los peregrinos depositan sus ofrendas”, dijo.
Con una superficie de 15.000 m², el mausoleo tiene cinco puertas exteriores.
En el interior está la tumba de Alí, cuarto califa, primer imán chiita y yerno del Profeta.
En 1845, la marjaiya (dirección religiosa) nombró a la familia al-Rufai, descendiente del profeta Mahoma, como guardiana del mausoleo y las llaves pasaron de generación en generación. El último guardián residente en Iraq era Haidar al-Rufai, quien fue asesinado en el 2003.
Después del asesinato, su primo Raduan al-Rufai, que trabajaba en Londres, regresó para tomar su lugar.
Hace cinco meses, milicianos de al-Sadr robaron un juego de llaves; no se sabe lo que ha sido del tesoro.