Bagdad. AFP. Una mezquita chiita de Bagdad se convirtió ayer en un charco de sangre sobre el que yacían cadáveres y heridos tras varias explosiones que dejaron al menos 80 muertos y sembraron el pánico entre los fieles.
"He visto a una mujer vestida de negro accionando la carga que llevaba en la entrada principal de la mezquita en el momento en el que los fieles abandonaban la sala de la oración, y después el lugar se convirtió en un lago de sangre", describió un fotógrafo al referirse a la escena del atentado cometido por tres kamikazes en la mezquita Buratha, norte de Bagdad.
Los fieles abandonaban tranquilamente la mezquita cuando se produjeron las explosiones casi de forma simultánea, explicó el fotógrafo, testigo del triple atentado que dejó, además, cerca de 170 heridos.
"Vi a una mujer vestida con una abaya (ropa tradicional de las iraquíes) hacerse saltar por los aires en la entrada del edificio. Otra explosión se produjo en la sala principal de oración mientras los fieles acudían para socorrer a los otros", agregó.
Pánico. La primera bomba causó al menos 30 muertos. Después vino el pánico. La gente corría en todas las direcciones, tratando de evacuar a los muertos y a los heridos hacia los hospitales más cercanos.
"Las mujeres buscaban a sus hijos entre el griterío producido por los heridos", agregó el fotógrafo, que resultó lesionado en una pierna.
El miedo se apoderó de la multitud, que temía nuevas explosiones. Pero muchos no dudaban en ayudar a heridos, a los que cargaban en camionetas y ambulancias.
La policía trataba de abrir paso a las ambulancias en medio de la histeria colectiva.
El imán de la mezquita, el jeque Jalaledin Al-Saghir, rodeado por sus guardias de seguridad en el momento de la explosión, declaró a la televisión Al Arabiya que ignoraba si era el objetivo del ataque.
Al-Saghir es uno de los responsables del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq (CSRII), el principal partido chiita del país. "No puedo afirmarlo con certeza, porque he sido el blanco de varios atentados".
Gobierno entrabado. En el terreno político, la formación de un gobierno de unidad nacional sigue entrabada debido a que el primer ministro, Ibrahim Jafari, se aferra a su cargo y se niega a retirar su candidatura para sucederse a sí mismo.
Pese a las apremiantes peticiones de Estados Unidos y Gran Bretaña para que los líderes iraquíes formen lo antes posible un gabinete de unidad nacional, dado el vacío político en que se encuentra su país, no hay programadas nuevas reuniones para el fin de semana que se prolongará hasta el martes, debido a que el lunes se celebrarán los tres años de la caída de Sadam Husein.
"Me atengo al proceso democrático que condujo a mi designación y rechazo toda demagogia sobre este tema", dijo Jafari, quien dice que solo renunciará a su candidatura si se lo pide el Parlamento, pese a haber perdido el apoyo unánime de su coalición chiita.