La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, rindió homenaje a los “niños inocentes” que perdieron “su vida y su futuro” en la masacre, y manifestó su “repudio a este acto de violencia, contra niños indefensos” que no forma parte de la “cultura” brasileña.
“No era y no es característica de este país vivir este tipo de crimen”, manifestó la presidenta, mientras que el ministro de Educación, Fernando Haddad, afirmó que “es una tragedia sin precedentes en Brasil”.
El secretario de Salud del Estado de Río de Janeiro, Sergio Cortes, precisó que las víctimas son nueve niñas y un varón, según datos de la oficial Agencia Brasil.
El ataque ocurrió a la hora de llegada de los estudiantes a la escuela primaria municipal Tasso da Silveira, del barrio popular de Realengo, a la que asisten unos 400 alumnos de entre 9 y 14 años.
Elizer, un funcionario de correos que vive cerca de la escuela, señaló que dos niños heridos tocaron a su puerta.
“Dos niños corrieron a mi casa, estaban disparando en todas las direcciones. Mi hija y mis dos sobrinos estaban allí. Pero están bien”, contó el funcionario.
Los bomberos identificaron al atacante como Wellington Menezes de Oliveira, de 24 años, quien era un exalumno de la institución.
Sus padres declararon que era su hijo adoptivo y que había abandonado el hogar hacía ocho meses.
Menezes dejó una carta llena de frases incongruentes cargada de referencias religiosas y en la que anunció su suicidio.
“Empleados de la escuela dijeron a los agentes que el joven llegó bien vestido, cargando una bolsa, y dijo que había sido llamado para una conferencia. Así logró tener acceso al tercer piso del edificio”, donde se concentró el ataque, explicó el coronel Evandro Bezerra, portavoz del Cuerpo de Bomberos.
Según el coronel Djalma Beltrame, de la Policía Militar, “un agente que llegó a la escuela logró herirlo (al atacante) en el intercambio de disparos, pero el hombre se mató de un disparo en la cabeza”.