México D.F. El carismático líder de la guerrilla indígena zapatista, Subcomandante Marcos, hizo ayer un ingreso triunfal al centro de la capital mexicana, de pie sobre la plataforma de un camión, fumando su pipa a través de su emblemática capucha y bajo una lluvia de confeti y flores.
Marcos y los otros 24 comandantes rebeldes, vestidos por primera vez sin sus uniformes de combate, llegaron a la plaza del Zócalo, frente al Palacio de Gobierno mexicano saludando a sus fanáticos como si fueran estrellas de rock, en la etapa final de la insólita y larga marcha de 3.000 km desde sus escondites en la selva.
Los insurgentes, alzados en armas hace siete años y que apenas combatieron durante 12 días, dejaron sus armas de las selvas y montes de Chiapas (sur, limítrofe con Guatemala), pero no los pasamontañas que cubren sus rostros.
Showman
En lo que por momentos parecía un desfile triunfal alegórico, los insurgentes viajaron de pie, muchas veces con los brazos en alto, saludando a miles de personas congregadas en las calles.
Desde los puentes peatonales ubicados sobre el trayecto de la caravana, multitudes recibían el paso de la carroza de los guerrilleros (adornada con una pancarta donde se leía "Marcha por la Dignidad Indígena") con una lluvia de confeti, otros arrojaban flores a su paso y gritos de apoyo.
Marcos, quien continuamente cargaba su legendaria pipa y fumaba sin cesar, se ubicaba de pie, al lado del comandante Tacho mirando al frente, mientras los restantes comandantes como en un desfile se repartían de cara hacia uno u otro lado para saludar a la multitud.
El camión, escoltado por decenas de vehículos parte de la caravana y de la prensa, anunciaba su paso con un toque casi ininterrumpido de claxon, terminando de desbaratar la ya inexistente tranquilidad vespertina dominical en las barriadas populares de la urbe, por donde planificaron su ingreso.
La caravana fue sobrevolada en forma ininterrumpida por un helicóptero de la Secretaría de Seguridad Pública con tiradores de elite a bordo para dar seguridad a los insurgentes que llegaron a la capital mexicana luego de años atrincherados en las selvas del sur mexicano.
Entre tanto, en la Plaza del Zócalo, frente al palacio de Gobierno, miles de personas y una multitud de vendedores ambulantes tratando de hacer su agosto en pleno marzo celebraron la llegada de los rebeldes.
La marcha tiene como propósito impulsar en el Congreso la aprobación de una ley sobre derechos y cultura indígena, uno de los tres reclamos de los rebeldes para sentarse a negociar con el gobierno mexicano. Los zapatistas tienen previsto para hoy un primer encuentro con legisladores.