
La Agencia Marítima estadounidense NOAA afirmó ayer que cerca de 80 kilómetros de playas y zonas costeras de Luisiana estaban manchadas de petróleo.
“Este es solo el principio”, exclamó, con rabia, Lana Downing, una habitante de Luisiana, de 69 años, quien tiene una residencia secundaria en Grand Isle, mientras observa la playa manchada de petróleo. “Ayer llegó el primer impacto, fue una pequeña cantidad. Hoy hay (petróleo) por todas partes”, manifestó.
Las autoridades municipales anunciaron el cierre de esta playa de varios kilómetros, pero la medida no impedía que los curiosos se acercaran al lugar. La mancha no se ve en el mar, sino una vez que alcanza la costa.
Unas veinte personas armadas de palas recuperaban el líquido viscoso y lo metían en grandes bolsas blancas. En la cercanía, el centro de coordinación de British Petroleum empezaba a tomar personal para limpiar las playas por $10 por hora.
La administración estadounidense le impuso a la petrolera británico un plazo estricto para culminar las operaciones de limpieza.
“No fue solo la estimación de BP. Fue la estimación del comando, incluidas la NOAA (Agencia Oceanográfica y Atmosférica) y la Guardia Costera. Es la mejor estimación que tenemos”, dijo ayer el jefe de operaciones de BP, Doug Suttles.
Pero la empresa dice que hoy en día extrae 2.200 barriles diarios a través de un tubo de 1.600 m de largo. Y como las imágenes en vivo muestran que el crudo sigue fluyendo del pozo dañado, la cifra tiene que ser superior a la indicada por la empresa.
Incluso con las estimaciones más bajas, desde que se produjo el desastre se deben haber derramado al mar unos 20 millones de litros de crudo. Expertos independientes advirtieron que el derrame pudo ser incluso 10 veces mayor a las estimaciones actuales.
Suttles intentó disipar la furia creciente del Gobierno estadounidense, los residentes de la zona y los legisladores, que consideran que no se ha hecho lo suficiente para detener el vertido.
“Pusimos todo en esto”, declaró Suttles a la cadena de televisión ABC. Alegó que la empresa gastó alrededor de $700 millones en la limpieza.
Una parte de las críticas contra BP repercutieron sobre la Casa Blanca. El portavoz del presidente Barack Obama, Robert Gibbs, expuso durante su conferencia de prensa las razones por las que el Gobierno estadounidense no asumió enteramente el control de las operaciones.
“Estamos frente a una catástrofe de una magnitud nunca antes vista en materia de mareas negras en el golfo de México”, destacó Gibbs. “Hacemos todo lo humana y tecnológicamente posible para enfrentarla”, añadió.