Múrmanks (Rusia). La operación para recuperar los cadáveres de los tripulantes y los secretos del submarino nuclear ruso Kursk , accidentado el pasado 12 de agosto, se inició ayer con dos perforaciones de la capa exterior del casco.
Buzos rusos y noruegos descendieron en un batiscafo hasta los 108 metros de profundidad donde reposa el submarino y, con una manguera que expulsa agua a una presión de mil atmósferas, levantaron las planchas externas de los compartimentos 8 y 9, en la popa.
Un portavoz de la Flota Rusa del Norte a la que pertenecía el Kursk , hundido por causas no aclaradas el 12 de agosto en el mar de Barents, dentro del Círculo Polar Ártico, anunció que prevén finalizar el próximo martes las perforaciones.
De acuerdo con el plan previsto, buzos rusos y noruegos deben hacer en total siete "ventanas" de un metro por 70 centímetros en otros tantos compartimentos del submarino, cuyo naufragio costó la vida a sus 118 tripulantes.
Otras fuentes navales indicaron que, dada la rapidez con que se realizaron las primeras fases de la operación, no se descartaba que ayer mismo quedase abierta una "ventana", pese a que la dureza de las planchas interiores exigirá al menos 15 horas.
En turnos de dos equipos de tres buzos (dos rusos y un noruego), la operación de recuperación comenzó de madrugada con inmersiones para explorar el estado del submarino y despresurizar los conductos.
Los buzos colocaron plantillas con el modelo exacto de las "ventanas" a perforar, por donde se podrá penetrar al interior del submarino "y ver lo que hay dentro", según un portavoz de la Armada rusa.
Los buzos rusos son los únicos autorizados a entrar en el Kursk para recoger los cadáveres, aunque fuentes oficiales han advertido estos días de que probablemente sólo se recuperarán pocos.
La Armada ha preparado en la base naval de Serveromorsk un laboratorio forense para intentar la identificación de las víctimas.
La operación se inició sólo 15 horas después de la llegada a la zona del naufragio de la plataforma petrolífera noruega Regalia , contratada por Moscú especialmente para la operación, que se estima va a costar $6.000 millones.