
‘’Happy new year, good night. ¿Good night es que se dice?’’. Esas fueron las frases que lanzó el dictador Nicolás Maduro Moro tras bajar de la tanqueta blindada en la que agentes de la DEA y el FBI lo movieron del aeropuerto internacional Stewart de Nueva York, para ser trasladado al Metropolitan Detention Center (MDC), prisión federal situada en el distrito de Brooklyn.
Todos los reflectores estaban concentrados en él, pero en Estados Unidos la atención también está puesta en su esposa, a la que llaman en Caracas ‘la primera combatienta (sic) de la república bolivariana de Venezuela’.
Los ‘pecados’ de Cilia
Ella fue la primera en bajar de la tanqueta, con las manos esposadas y una expresión de compasión mientras veía bajar al dictador con dificultad y quejándose de dolor en sus pies, que para ese momento ya no llevaban tenis sino unas pantuflas sobre medias blancas.
“‘Sí, good night’”, le respondió Cilia Flores a Maduro, quien se veía agotado.
A algunos les llamó la atención que la mujer, de 69 años (cuatro más que Maduro), fuera uno de los objetivos de la Fuerza Delta, el poderoso cuerpo élite de Estados Unidos que ejecutó el operativo ‘Determinación Absoluta’ que los extrajo de Caracas en menos de 4 horas, el pasado sábado 3 de enero.
Aunque inicialmente se creyó que la captura de Flores se debía a una especie de mecanismo de presión para el dictador, y que por esa razón también se le incluyó en el proceso por narcoterrorismo que se le sigue a la cúpula venezolana, lo cierto es que la Fiscalía de Estados Unidos considera a la ‘primera dama’ una ficha clave de la cadena corrupta que carcomió al vecino país por 27 años, bajo el nombre de ‘el cartel de los soles’.
EL TIEMPO investigó y estableció que para agencias federales (FBI, CIA y DEA), Flores guarda varios de los secretos del régimen. No es gratuito que su nombre aparezca decenas de veces en el indictment que hace tránsito en una corte de Nueva York, donde también aparecen alfiles del régimen y Nicolás Ernesto Maduro Guerrero, el hijo mayor del dictador.
"Nicolás Maduro Moro se sienta al frente de un gobierno corrupto e ilegítimo que, durante décadas, ha aprovechado el poder gubernamental para promover y proteger actividades ilegales, incluido el narcotráfico. Ese narcotráfico ha enriquecido y financiado a la élite política y militar, incluido el ministro del Interior, Diosdado Cabello y el exministro del Interior Ramón Rodríguez Chacín", se lee en la acusación.
Y a renglón seguido se concentran en la familia del dictador: “Ese narcotráfico a gran escala también ha concentrado el poder y la riqueza en manos de la familia Maduro Moro, incluyendo a su esposa, la supuesta primera dama de Venezuela, Cilia Adela Flores de Maduro y a su hijo, el diputado de la Asamblea Nacional, Nicolás Ernesto Maduro Guerrero, alias ‘el príncipe’”.
A la ‘supuesta primera dama’ se le acusa, además, de haber recibido sobornos de la mafia para dejar salir aviones cargados con cocaína colombiana.
El cerebro
Sobre el episodio de los sobornos se anota que junto con Néstor Revelol Torres, director de la oficina nacional antidrogas de Venezuela, Cilia Flores se reunió con narcotraficantes para asegurar el paso de narcovuelos a cambio de millonarios sobornos.
Y es que Cilia Adela Flores de Maduro no es una tranquila ama de casa. Se trata de una política y abogada, exdiputada a la Asamblea Nacional.
Además, fue procuradora general por un año largo y presidente de la Asamblea Nacional desde el 15 de agosto de 2006 hasta el 5 de enero de 2011.
También es militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y fue miembro a la Asamblea Nacional Constituyente, de 2017 promovida por el gobierno de izquierda de ese país.
En Estados Unidos están seguros de que conoce la ruta del dinero del régimen que está en otros países afines a Maduro y receptores del petróleo venezolano.
En Caracas, donde algunos la catalogan como el verdadero cerebro del régimen, temen que ella sea una de las primeras que colabore, a cambio de beneficios carcelarios.
