Carlos Castaño, el jefe de la ultraderecha armada colombiana reconoce los crímenes de su grupo y la matanza de los campesinos a quienes acusaba de colaborar con la guerrilla, pero no acepta tener vínculos con el narcotráfico.
Conocido como Alex en sus primeros años de lucha contra “todo lo que huela a izquierda”, es acusado por Estados Unidos de introducir en ese país, desde 1997, más de 17 toneladas de cocaína.
El líder paramilitar es el menor de los hombres entre 12 hermanos. En 1981, el secuestro y posterior asesinato de su padre, Jesús, por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cambió la vida de la familia.
Junto a sus hermanos Fidel, Reinaldo y Eufracio, comenzó la formación de fuerzas paramilitares que derivarían en las AUC.
Pretende negociar un acuerdo con EE. UU. y aseguró que se entregará en Colombia.
Salvatore Mancuso, lugarteniente intelectual de Carlos Castaño y también pedido en extradición por EE. UU.; es uno de los hombres mejor preparados y más radicales de las AUC.
El Mono Mancuso, hombre de pocas palabras, radical e intelectual, según quienes lo conocen, había estudiado Ingeniería y Administración Agropecuaria en Bogotá.
Tras ingresar en las AUC, estudió inglés en Estados Unidos y viajó a Vietnam para familiarizarse con la guerra de guerrillas y aplicarla en Colombia.
Además, se hizo piloto de helicópteros gracias a las enseñanzas de un capitán retirado del Ejército.
Washington lo reclama por delitos de narcotráfico cometidos desde diciembre de 1997, fecha en la que el Congreso restableció la extradición de nacionales. El proceso de entrega de los tres paramilitares solo podrá ser abierto una vez que sean capturados. Luego, EE.UU. tendrá 60 días para aportar pruebas.