Lo que el gobierno de Alberto Fujimori desde hace diez años explica como una leyenda en Perú pasó a ser en las últimas horas una terrorífica realidad, tras la difusión de un vídeo en el que el asesor presidencial Vladimiro Montesinos entrega en su despacho un grueso fajo de billetes de dinero a un parlamentario.
Montesinos, de 55 años, excapitán del Ejército, cuerpo del que fue expulsado en 1977; expresidiario, extaxista, abogado de narcotraficantes y millonario, es el más íntimo consejero del presidente de Perú, Alberto Fujimori, desde que este llegó al poder en 1990.
Este excapitán, sin desempeñar cargo oficial alguno, es el diseñador y jefe del actual Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y, como tal, responsable de la seguridad del Estado y la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, según ha explicado públicamente en diversas ocasiones el propio Fujimori.
Las graves y variopintas acusaciones que se han lanzado contra Montesinos fueron interpretadas siempre con jocosidad por Fujimori como una leyenda tejida por la oposición en torno a un sacrificado servidor a la patria obligado por la delicadeza de sus funciones a mantenerse indefenso en la sombra.
Cuando el pasado año el diario limeño Libe ración demostró que Montesinos tenía ingresos en sólo una de sus cuentas bancarias de unos $200.000 mensuales, Fujimori explicó que los sacrificios por la patria de su asesor no le impedían ejercer sus labores privadas de abogado, a las que atribuyó esas ganancias.
Según explicó Fujimori, esas retribuciones eran prueba indiscutible de la singular capacidad profesional del asesor con que cuenta el presidente de la República en Perú y esto debía tranquilizar y satisfacer a la opinión pública de este país.
Además, el propio Montesinos solicitó que sus ingresos fueran investigados por el fiscal de la Nación, Miguel Aljovin, y este no encontró nada normal ni anormal, por lo que archivó el caso y se jubiló inmediatamente después para desaparecer hasta hoy de la escena pública.
Fujimori le atribuye a su asesor las victorias del Estado peruano contra el terrorismo, supuestos éxitos contra el narcotráfico y, más recientemente, el desmantelamiento de una banda internacional de traficantes de armas destinadas a la guerrilla colombiana.
Esa supuesta banda internacional de traficantes de armas estaba capitaneada por militares y exmilitares peruanos, anteriormente vinculados por la prensa a Montesinos, y propietarios de una empresa que hasta hace pocos días tenía contratos de servicios con la sede de la Presidencia de la República entre otras dependencias del Estado.