Los letones dieron un rotundo “sí” a la entrada en la Unión Europea y ahora se ven obligados a poner orden en casa, donde una crisis de Gobierno y la marginación de la minoría rusa amenazan con aguar la alegría europeísta.
Letonia consumó su ruptura con el pasado y ahora mira hacia el futuro, explicó la presidenta de ese país báltico, Vaira Vike Freiberga, tras conocerse la victoria de los partidarios de la integración en la UE en el referendo celebrado el sábado en el país báltico.
Los datos definitivos suministrados ayer por el Comité Electoral Central letón no daban lugar a la duda: un 67 por ciento de los electores que acudieron a las urnas respaldaron el ingreso en la UE, que se concretará en mayo próximo, y un 32,3 por ciento rechazó la integración.
La participación en el referendo fue del 72,53 por ciento del electorado, compuesto por 1.381.890 personas (de una población total de casi 2,4 millones).
El recuento de votos terminó ayer en la madrugada y la noticia de la victoria sacó a miles de personas a las calles de la capital, Riga, para celebrar la “fiesta de Europa”.
Letonia fue la última de las repúblicas bálticas en celebrar el referendo para decidir su adhesión a la UE; ya lo habían hecho Estonia y Lituania.
Uno de los problemas que tiene por delante el país es el futuro de su minoría rusa, que es excluida de la vida política y pública, dando pie a situaciones de auténtico odio étnico.
Unos 349.000 rusos, 65.000 bielorrusos, 50.000 ucranianos y 17.000 polacos están desprovistos de la nacionalidad letona y de cualquier otra debido a las leyes de naturalización del país.