Tokio. Japón colmó ayer el vacío dejado por la hospitalización de Keizo Obuchi, al nombrar a la cabeza de su gobierno a Yoshiro Mori.
El acceso al poder de Mori tuvo lugar como estaba previsto, sin sorpresas ni polémicas.
Elegido entre bastidores desde el lunes, el sucesor de Obuchi fue nombrado ayer por una amplia mayoría de las dos cámaras de la Dieta (Parlamento), reunidas en sesión extraordinaria.
Anteriormente, Mori había sido electo, por aclamación, como el nuevo presidente del Partido Liberal Demócrata (PLD), que dirige Japón desde hace 45 años, con la excepción de un período de diez meses en 1993-94.
"Siento el peso de mis responsabilidades", declaró Mori. Tras haber rendido homenaje a su predecesor, "un amigo desde hace 40 años", aseguró que "demostraría el mismo ardor" que él en la recuperación de la segunda economía mundial.
La designación de Mori recibió el aval de potencias tales como Estados Unidos y China, que ayer mismo felicitaron al nuevo Premier en sendas misivas enviadas poco después del nombramiento del sucesor de Obuchi.
Dura tarea
Pero la decisión más sensible que deberá tomar Mori concierne a las elecciones legislativas, previstas inicialmente para el 19 de octubre, fin del mandato de cuatro años de los diputados.
En medios políticos japoneses corren rumores de elecciones anticipadas para mayo o junio. "Juzgaré cuál es el mejor momento" para convocarlas, precisó Mori.
"Una elección anticipada es probable porque el LDP intentará aprovechar un voto de compasión tras lo que le ocurrió a Obuchi", según Nubu Tomita, profesor de política en la Universidad de Meiji.
La oposición de izquierda desea también que se adelanten los comicios.
"El pueblo debe pronunciarse sobre la legitimidad de Mori", afirmó Yukio Hatoyama, presidente del Partido Demócrata.