
Tokio. Un nuevo amanecer se está empezando a ver, con fuertes tonos, en el país del sol naciente.
Tras perder la Segunda Guerra Mundial, Japón se dedicó afanosamente a demostrar que ya no es una amenaza imperialista.
Se convirtió en la segunda potencia del mundo, dedicó millonarios programas a la cooperación internacional y tomó el liderazgo en la lucha contra la proliferación de las armas nucleares.
Incluso, aceptó una Constitución Política que le impide tener ejército, lo declara una nación pacifista y lo obliga a depender de que Estados Unidos lo proteja en caso de un conflicto armado.
Pero 60 años después, Japón no ha logrado convertirse en el poderoso líder asiático y mundial al que sus líderes aspiran y no está dispuesto a seguir así.
Empieza la lucha. La insistente lucha de Japón por un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) y una propuesta de reforma constitucional que le permitiría tener ejército, lanzada en noviembre, son señales inequívocas de que Japón entró en una nueva era.
Igual lo son las polémicas visitas del primer ministro Junichiro Koizumi al santuario Yasukuni, y un proyecto de ley para crear el Ministerio de Defensa.
También está un reciente acuerdo militar que le permitirá a Estados Unidos tener un portaaviones nuclear en aguas japonesas a partir del 2008.
"Japón está cambiando", explicó a La Nación el subsecretario de la Cancillería japonesa, Tomohiko Taniguchi.
De hecho, "la conducta militar japonesa empezó a cambiar antes de que la Constitución sea renovada", agregó.
El gasto en defensa aumentó de $37 billones en el 2002 a $47 billones en el 2004, y el equipo militar, principalmente los misiles, se está renovando, de acuerdo con la Agencia de Defensa de Japón.
Paralelamente hay una creciente ola de nacionalismo, gracias a la cual en unos cuantos años la remilitarización pasó de ser un tema políticamente incorrecto a tener el apoyo del 65 por ciento de los japoneses, según una encuesta del diario Yomiuri Shimbun .
Apoyo popular. "El público japonés claramente apoya la visión de Koizumi de un Japón que es un líder asiático y uno de los grandes jugadores internacionales", dijo el analista Dan Blumenthal, del American Enterprise Institute, en un reciente artículo.
Todo esto explica la contundente victoria con que Koizumi, impulsor de las grandes reformas y de una política exterior más agresiva, se reeligió en setiembre.
Su victoria y la creciente consolidación de Shinzo Abe, a quien algunos llaman el "halcón" de la política exterior, como su probable sucesor, pronostican que los cambios serán cada vez más rápidos.
Keiichi Tsunekawa, profesor de estudios internacionales de la Universidad de Tokio, explicó que en gran parte la nueva era japonesa se debe a que el país "está bastante aislado en Asia, está perdiendo influencia y (.) hay una gran desatención hacia Japón en el mundo".
En su región Japón está solo por resentimientos históricos con China y Corea del Sur, la fuerte alianza japonesa con Estados Unidos, el creciente interés de Corea del Norte en hacerse de armas nucleares y diferendos limítrofes con casi todos sus vecinos.
"Japón reconoce que vive en un vecindario peligroso", indicó Blumenthal, y que el rápido crecimiento del poder económico, militar y político de China, su gran rival, lo pone en riesgo de "quedar relegado" detrás de Beijing.
En palabras de Taniguchi, la "incertidumbre" que crea China en la región está llevando a sus vecinos a mejorar sus políticas de seguridad, que en el caso de Japón también implica estrechar su alianza militar existente con Estados Unidos.
Retos pendientes. Pero, para poder avanzar pacíficamente, Japón tiene el reto de reducir su aislamiento. Ello significa probar que superó su pasado imperialista y que su remilitarización no representa una amenaza.
La tarea es difícil cuando los resentimientos están más vivos que nunca. Este año, China bloqueó la campaña japonesa por un asiento en el Consejo de Seguridad, alegando temor por el resurgimiento militar japonés, y las visitas de Koizumi al santuario Yasukuni, símbolo del antiguo militarismo japonés, provocaron protestas multitudinarias en China y Corea del Sur.
Pero, ante los ojos de Japón, es "irónico" que China cite temor al militarismo cuando "ha estado envuelta en numerosos conflictos armados" y "tiene varios misiles apuntados a Japón", tal como comentó el representante adjunto en la ONU, Kitaoka Shinichi en un comunicado.