Quito, Ecuador . Si bien fue una elección nacional la que llevó al poder a Jamil Mahuad Witt, el traspaso será más emotivo para los habitantes de Quito, ciudad en la que termina hoy su función de alcalde y mañana lo recibirá como Presidente del Ecuador.
La transmisión de mando de Fabián Alarcón, presidente que emergió luego de que fuera retirado del cargo Abdalá Bucarám, a Mahuad, ocurre en medio de dos grandes problemas para esta nación: enfermedades y miseria tras el sismo en la región de Manabí el martes pasado, y el resurgimiento de la crisis político - militar limítrofe con Perú.
Al menos esos son dos de los temas más importantes que destaca la prensa local. El editorial del periódico El Comercio, llama a poner atención a las miles de personas que permanecen en las calles tras el terremoto, en tanto que El Telegráfico desea suerte al nuevo mandatario en su gestión.
El traspaso será el lunes y entre los invitados figura el presidente Miguel Angel Rodríguez, quien llegará hoy a Ecuador, tras una visita de 24 horas a Trinidad y Tobago.
Vida cotidiana
Sin olvidar esos dos problemas, los preparativos para el traspaso continúan en esta ciudad que desde hace dos años cuenta con trolebuses -obra del nuevo presidente - que está a 2.800 metros de, altura con una temperatura de ayer por la tarde, promedio de diez grados centígrados y persistente lluvia.
En el parque Elegido, en el corazón de la ciudad, Igor Castro corría a poner plásticos sobre sus pinturas para que el agua no las mojara. Bajo un toldo, no ocultó su malestar con los gobernantes salientes, pues un grupo se habría repartido los primeros dos años y otro el resto.
Frente a él pasaba una delegación invitada al traspaso. Tal vez se trataba de Lech Walessa, premio Nobel de la Paz en 1985 y expresidente de Polonia, que volvía de sus vacaciones en las Islas Galápagos para unirse a los actos oficiales, o del Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, quien ayer tuvo que haberse levantado muy tarde después de transnochar el viernes en el bar juvenil Casa de Angel, en Bogotá, Colombia.
En medio de personas de lengua Quechua y artesanías de la región de Otabalo, Juan Murillo, de 35 años, dijo que si se encontraba de frente al nuevo presidente de su país, le pediría que fuera una persona honesta y que dedique todo el tiempo posible a los pobres."Eso -la corrupción-nos hace mucho daño. Somos un país rico, pero a la vez pobre, y eso da coraje", afirmó mientras su esposa, una indígena, le daba el bebé para que lo cargara.
Al final de la avenida Amazonas, una de las más conocidas de Quito, Cristian Camposano y Arelys Suárez, ambos de 21 años y estudiantes de la Escuela Superior Politécnica del Ejército, coincidieron en que el gran problema de su país es la corrupción, por lo que uno de los retos del nuevo gobierno es limpiar las instituciones públicas e incentivar la honradez.
El cumplimiento de las promesas de campaña y del plan de gobierno que lo llevó al poder fue otras de las exigencias de los jóvenes, así como la mejoría de la situación económica.