Jack Straw, el ministro del Interior Británico que ahora tiene en sus manos el destino del general Augusto Pinochet, es un hombre severo que no dudó en entregar a su propio hijo a la policía.
"Yo tomaré mi decisión de acuerdo con el derecho", afirmó este allegado de Tony Blair, de 52 años.
Antes del 9 de diciembre, cuando debe decidir el caso del exdictador, este abogado de aspecto austero será sometido a fuertes presiones, pero nadie en Gran Bretaña duda de su voluntad para imponer su consigna, heredada de Blair: "duro con los crímenes, duro con las causas del crimen".
Su determinación quedó bien ilustrada en enero de 1998, cuando los asombrados bobbies (apodo de los policías ingleses) lo vieron franquear la puerta de una comisaría londinense. Acompañaba a su hijo de 17 años, que una periodista de la prensa popular engañó, vendiéndole una ínfima cantidad de marihuana.
"Cuando un joven se aparta del buen camino, creo que sus padres tienen la obligación de actuar rápidamente", explicó luego a la BBC. Poco después, 82 por ciento de la opinión pública aplaudía "la conducta ejemplar" del Ministro.
Desde que entró al gabinete de Tony Blair, en 1997, Straw ha incursionado en los cotos vedados de los conservadores. La ley contra "el crimen y los desórdenes" prevé la instauración de un toque de queda para los adolescentes que reinciden en conducta antisocial, y la organización de seminarios de reeducación para los padres "que descuiden sus responsabilidades".
También persiguió a los hooligans, catalogándolos de "vándalos ultraviolentos, neonazis o neofascistas, que son la vergüenza de la nación".