
Actualmente es un parque cultural con auditorios, aulas y comedores en los que se llevan a cabo actividades artísticas y recreativas como conciertos y clases de baile. Pero, hace 11 años, el hoy llamado Parque Cultural Tiuna El Fuerte, era un simple estacionamiento en abandono, ubicado entre una autopista de alto tránsito y una avenida intercomunal, en Caracas, Venezuela.
Sin embargo, el sitio fue "tomado" por los mismos ciudadanos quienes empezaron a realizar eventos culturales y deportivos, que incluían la proyección de películas en una pantalla itinerante, conciertos en tarimas móviles, colocación de rampas para patinar, levantamiento de carpas de circo y otras manifestaciones artísticas que propiciaron su transformación.
La arquitectura también jugó un papel importante en la metamorfosis del espacio, diseñado por el arquitecto venezolano Alejandro Haiek, lo que le ha valido al proyecto varios galardones como el Premio Nacional de Cultura 2010 en la rama de Arquitectura (en Venezuela), así como el primer lugar en el Festival de Arquitectura Eme3 del 2011 en Barcelona (España) y el Premio Internacional de Arte Público que otorga la Universidad de Shanghái (China), entre otros.

Antes de crear las edificaciones, Haiek se sumergió en la comunidad, la conoció, para no ser un mero espectador.
"Nosotros somos parte de esa comunidad, más que vernos como arquitectos que trabajan para una comunidad. Los arquitectos hablan de la comunidad como si fuese algo ajeno a ellos", criticó el profesional, quien participó el mes pasado en la XIII Bienal Internacional de Arquitectura Costa Rica 2016.
Él es un exponente de una arquitectura social: cree que esta puede contribuir a hallar soluciones a las problemáticas que ya existen en las ciudades, más que tratar de crear una arquitectura y luego imprimirle "la sangre social".
"La arquitectura comienza en el momento en que se termina el edificio, no se acaba cuando se hace el edificio. Cuando el edificio está listo es que inicia la arquitectura, es donde inician las relaciones humanas, donde hay espacio para la confrontación, para la transferencia de saberes. La arquitectura se convierte en un articulador, en un soporte para esas experiencias", subrayó el venezolano, quien dirige la iniciativa Laboratorio de Proyecto y Fabricación (Labprofab) en Venezuela, que realiza investigación aplicada al desarrollo cultural, social y ambiental.

De materiales reciclados
El Tiuna Fuerte tiene un diseño que rompe con lo tradicional. Son naves pintadas con colores vivos como el verde, en las que hay plasmados grafitis y murales, y que se han ido construyendo progresivamente.
Para su edificación, se emplean materiales que en su momento fueron desechados.
Pero, como aquí nada se desperdicia, el concreto, madera, piedra, metal, plástico y cables de aquellas industrias o empresas que ya no los ocupan pasan a ser parte de sus instalaciones. También se reciben donaciones para adquirir los productos.
"Yo diría que más del 50% de la obra es de material reciclado", detalló el diseñador, quien manifestó que la construcción está por la mitad: ya se han edificado dos naves y se están levantado dos más.

Además, como el parque permite realizar intercambios artísticos, se construirán residencias para los visitantes.
"La idea es que exista un edificio que sea como una posada artística que permita a las personas que estamos haciendo vida en este lugar poder estar cerca, no tener que desplazarnos mucho tiempo, evitar los traslados de gran magnitud en la ciudad", mencionó.
Sobre el estatus legal del terreno en el que se ubica el parque, Haiek explicó que fue cedido en comodato para hacer uso de este durante 20 años. No obstante, al haber obtenido el Premio Nacional de Cultura, se convirtió en patrimonio de la nación, lo cual les da una ventaja para seguir creciendo, agregó.
Ese crecimiento es prácticamente un hecho para este entusiasta profesional y los artistas y colaboradores detrás de la obra, quienes respiran el arte y expresan sus ideas a través de él.