
El endurecimiento esta semana del embargo estadounidense a Cuba no va a cambiar las relaciones entre ambos países porque “no pueden ya deteriorarse más”, pero tendrá un impacto económico en la isla y posiblemente político en Estados Unidos en un año electoral, pronostican analistas.
Un paquete de 650 recomendaciones para endurecer ese embargo, en un informe de 500 páginas remitido en mayo al presidente George W. Bush, empezó a entrar en vigor el miércoles.
Su objetivo fue claramente anunciado: acelerar la caída de Fidel Castro y preparar una transición en la isla comunista.
“Es un mensaje de desaprobación hacia el comportamiento pasado y presente del gobierno cubano, y demuestra que ese comportamiento acarrea consecuen-cias”, explicó esta semana un responsable del Departamento de Estado.
Medidas
Las medidas incluyen ayudas a la disidencia interna cubana, un reforzamiento de las emisiones de Radio y TV Martí, la reducción de viajes autorizados a la isla desde Estados Unidos y la restricción de remesas a Cuba.
El embargo de EE. UU., en vigor desde 1962, le habría costado a Cuba, según fuentes cubanas, unos $70.000 millones.
Según Antonio Jorge, profesor de la Universidad Internacional de Florida (FIU), el endurecimiento ahora va a mermar sus ingresos en divisas en “$300 a $400 millones anuales”, algo menos del 10% de sus ingresos totales.
Estos son grosso modo de $4.000 a $5.000 millones anuales que llegan a Cuba por vías legales e ilegales”, estima el profesor, que coordinó un informe de expertos sobre un modelo de “transición socio-económica en la Cuba post-castrista”.
Las remesas de exilados cubanos a la isla suman más de $1.000 millones anuales, y las 176.000 personas que desde Estados Unidos visitaron legalmente Cuba en el 2003 –en su gran mayoría de origen cubano– gastaron allá unos $200 millones.
Es la nueva limitación de esos viajes (de uno por año, a uno cada tres) y de las remesas (permitidas ahora solo a familiares directos) lo que generó esta semana un golpe emocional en el exilio cubano de Estados Unidos, anticastrista pero, ante todo, unido a sus seres cercanos de la isla.
A cuatro meses de las elecciones presidenciales, Bush podría perder por ello parte del masivo apoyo electoral de los cubano-estadounidenses que en el 2000 lo ayudó a vencer en Florida, convertido entonces en estado decisivo para ganar , y que puede volver a serlo este año.
“Las encuestas muestran constantemente que la mayoría de los cubano-americanos apoya los viajes familiares” a Cuba, aseguró Álvaro Fernández, de la Comisión Cubanoamericana por los Derechos de las Familias.
Efecto bumerán
El periodista y dirigente anticastrista Carlos Alberto Montaner afirmó en Madrid que entre las medidas hay “partes equivocadas, como la limitación de los viajes de los exiliados o de los envíos de remesas a las familias”.
“Bush perderá parte del apoyo cubano en las elecciones de noviembre. Si en el 2000 consiguió 80 por ciento, ahora logrará tan solo 60 por ciento”, auguró.
El propio Fidel Castro entró en las especulaciones electorales al asegurar el 21 de junio que la “dependencia” de Bush de “grupos desprestigiados” –el exilio más radical– terminará “restándole muchos votos”.
Sin embargo, el profesor Jorge discrepa: esas medidas “no afectarán sustancialmente” el apoyo de la comunidad cubana a Bush.
“El exilio tradicional histórico (el más anticastrista) seguirá votando por él”, asegura. Gran parte de los más afectados por las medidas, llegados a Estados Unidos más recientemente y con mayores vínculos familiares en la isla, “no tienen aún derecho a voto”.
Drama humano
Pero al margen del impacto político, económico o electoral de las medidas, subyace el drama personal de miles de cubanos del exilio, con familiares o progenitores ancianos o enfermos.
Poder visitarlos solo una vez cada tres años es, coinciden todos, “inhumano”.