El asesinato en una cárcel colombiana de Hélmer Pacho Herrera, uno de los jefes del cartel de la cocaína de Cali, puso en alerta a las autoridades sobre una posible guerra entre bandas emergentes de narcotraficantes.
En las penitenciarías de Colombia son frecuentes los homicidios y siempre es difícil hallar a los responsables por la "ley del silencio" que en su interior impera, pero es la primera vez que es asesinado un alto mando de una organización delictiva de tanto peso.
El abogado de Herrera, Gustavo Salazar, calificó de "absurdo" que una persona haya entrado tan fácilmente en una cárcel de alta seguridad como la de Palmira (oeste), donde su cliente estaba recluido, haciéndose pasar por abogado y con un arma de fuego, y luego haya disparado sin obstáculos.
Las primeras hipótesis de las autoridades sobre el homicidio tuvieron que ver con venganzas de los delatados, una posibilidad que el abogado Salazar ha calificado de "remota" y "muy difícil de verificar".
Expertos han considerado que el asesinato de Herrera debió de ser demasiado costoso, no solo por el tipo de víctima, sino porque perpetrarlo equivale a una "condena de muerte", si bien no cumplida en el momento del homicidio, abierta para su "ejecución" como venganza en cualquier penal colombiano.
En este caso, el peligro para el asesino es mayor pues es la pieza clave de la investigación que se inicia sobre los autores intelectuales y los móviles del homicidio.
Esto recuerda al cartel de Medellín, que desde mediados de la década pasada pagaba millonarias sumas a jóvenes para asesinar a altas personalidades, quienes sabían que morirían a manos de guardaespaldas.
Salazar insistió en descartar una venganza por las delaciones de Herrera, pero declaró como "posible" que "personas resentidas" por pasadas guerras entre carteles hayan ordenado el crimen.
Pacho, principal lavador de dólares del cartel de Cali, fue viejo aliado del fallecido jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar, pero declarado luego como su mayor enemigo cuando decidió respaldar a los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez, líderes del primer grupo.
Se desató entonces una guerra entre ambos que dejó un centenar de muertos en intentos de asesinato por medios terroristas de lado y lado, y que culminó con la muerte de Escobar en un operativo policial a fines de 1993 facilitado por información suministrada por el cartel de Cali.