
Nueva York, EE. UU. AFP La tripulación del avión que se estrelló en la noche del jueves en Buffalo (Nueva York), con saldo de 50 muertos, notó cantidades significativas de hielo acumulado en las alas poco antes del accidente, indicaron los investigadores.
Los expertos recuperaron las cajas negras con las conversaciones de los pilotos y los parámetros de vuelo del avión, que se estrelló sobre una casa en los suburbios.
En el accidente murieron 44 pasajeros, cuatro miembros de tripulación, un piloto que no estaba de servicio y una persona que habitaba la vivienda sobre la cual se estrelló la nave.
La nave Bombardier Dash 8-Q400 con destino a Buffalo salió del aeropuerto neoyorquino de Newark y se estrelló a las 10:20 p. m. (9:20 p. m. hora de Costa Rica) en el suburbio Clarence Center.
El accidente se produjo minutos antes del aterrizaje en el aeropuerto de Buffalo, ciudad al noroeste de Nueva York situada a orillas del lago Erie y cercana a las cataratas del Niágara.
Según el análisis de las “cajas negras”, el avión se encontraba a nueve kilómetros del aeropuerto de Buffalo, ya en su fase de aterrizaje, cuando la tripulación se percató del problema del hielo.
“La tripulación mencionó una acumulación significativa de hielo en el parabrisas del avión, y en el borde anterior de las alas”, indicó Steve Chealander, portavoz de la Oficina Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB).
El hielo en las alas de un avión puede alterar la aerodinámica, interferir con el manejo y es un peligro bien conocido por pilotos.
Mucho hielo. Según la conversación grabada, la tripulación revisó las condiciones meteorológicas y reportó que la visibilidad era de casi cinco kilómetros, con nieve y neblina en las cercanías.
Tras recibir la autorización para descender a unos 3.300 metros, los pilotos advirtieron la acumulación del hielo a pesar de que los instrumentos indicaban que el sistema de descongelación estaba encendido.
Posteriormente, los pilotos intentaron volver a subir el tren de aterrizaje que habían bajado poco antes, así como los alerones que ayudan a disminuir la velocidad en el descenso, según el vocero.
Al impactar el suelo, el avión de Colgan Air que operaba para Continental se convirtió en una bola de fuego mortal, desatando un incendio tan intenso que las llamas impidieron el acceso inmediato de los equipos de rescate.
El constructor del avión, la empresa canadiense Bombardier, envió un equipo de expertos al lugar junto a los investigadores federales norteamericanos.
“La caída casi vertical del avión indica una pérdida de control”, dijo William Voss, exfuncionario de la Administración Federal de Aviación y presidente de la Fundación de Seguridad de Vuelos, una organización sin fines de lucro.
Voss dijo que hielo en las alas o una falla mecánica, como el despliegue asimétrico de los alerones o las dos turbinas funcionando con diferente fuerza, pudieran haber causado el accidente.