Washington. El descubrimiento de una edificación sumergida desde hace 7.500 años en el mar Negro aporta una prueba espectacular sobre la existencia de la gigantesca inundación narrada en el pasaje bíblico del diluvio, según el autor del hallazgo, el arqueólogo marino Robert Ballard.
Ballard, con gran prestigio en la exploración submarina y descubridor de los restos del Titanic en 1985, afirmó ayer en un comunicado que el nuevo hallazgo supera a aquél en importancia.
El investigador estadounidense aseguró que su equipo, utilizando avanzados sistemas de sonar y rastreo marino, así como pequeños sumergibles, halló una construcción humana a unos cien metros de profundidad en el mar Negro que parece demostrar la existencia de ciudades antes de la gigantesca avenida de aguas que registra la Biblia.
Las investigaciones de Ballard en la zona ya encontraron el pasado año rastros de una antigua línea costera, a unos 150 metros de profundidad, que indican que la cuenca que hoy ocupa ese mar recibió un aporte gigantesco de agua de modo súbito.
La construcción descubierta, de unos doce metros de largo por cuatro de ancho, parece ser un habitáculo de madera asentado sobre un lecho de arcilla.
Aunque la edificación está derrumbada, mantiene parte de su estructura, conservada por la ausencia de oxígeno, indica el comunicado de Ballard.
El mar Negro, separado del Mediterráneo por el estrecho del Bósforo, alberga vida sólo en sus capas superficiales, pero las profundas carecen por completo de oxígeno, lo que favorece la conservación casi intacta de los restos que yacen allí.
Esta circunstancia animó el pasado año a Ballard a acometer una investigación arqueológica en ese mar, en busca de restos hundidos de lo que, en su opinión, podían ser los primeros intentos de la navegación humana.
Pero la expedición tomó otro derrotero tras conocer Ballard el libro Noah's flood (La inundación de Noé), de los geólogos de la Universidad de Columbia William Ryan y Walter Pitman.
Según estos investigadores, el mar Negro fue en su origen un lago de agua dulce con una superficie mucho menor de la que ocupa ahora. Pero el agua del deshielo tras las últimas glaciaciones hizo que el Mediterráneo rebosara sobre el estrecho del Bósforo, lo que inundó tierras, destruyó ciudades y acabó con sus habitantes, al tiempo que originaba el actual mar Negro.