Más de 3.000 cadáveres han aparecido en los últimos días en una fosa común localizada en la aldea de Al Mahawil, a unos 85 kilómetros al sur de Bagdad.
Según las autoridades locales, los cadáveres parecen corresponder a los caídos en la sublevación que tuvo lugar en todo el sur chiita de Iraq en 1991.
Esa revuelta, justo después de la Guerra del Golfo, fue aplastada a sangre y fuego por el régimen de Sadam Husein.
Muchos de los cuerpos tienen agujeros de bala en el cráneo y en el tórax, lo que evidencia que fueron sacrificados.
“La mayoría de los muertos son civiles, hombres, mujeres y niños, y también militares”, explicó el teniente coronel David Rababy.
“Nos han dicho que ya se han exhumado 2.600 cuerpos, pero podría haber 10.000”, declaró un capitán de los soldados estadounidenses que llegaron a la zona.
“Por lo que sabemos, esta es la mayor fosa común descubierta en Iraq”, añadió el militar.
Triste escenario
El lugar es dantesco. Una excavadora ofrecida por un empresario local es la que va removiendo la tierra y la extrae llena de huesos, ropa y enseres personales que luego son ansiosamente inspeccionados por los cientos de familiares de todo el país.
En mitad de un campo y al lado de un camino, cientos de bolsas de plástico llenas de restos humanos se amontonan junto a la tierra removida, mientras los familiares buscan a sus desaparecidos hurgando entre los huesos y los jirones de ropa.
Peter Bouckaerte, de la organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW), dijo que el lugar era conocido por muchos de los habitantes del lugar, quienes guardaron el secreto durante 12 años.
El granjero Sayed Jaber Muhsin al Hosseini, propietario del terreno donde se encontró la fosa, explicó que calló durante todo ese tiempo por las amenazas que recibió de las autoridades del régimen de Sadam Husein.
No olvida la advertencia: “Si hablas de lo que has visto, lo mismo te pasará a ti y a tus hijos”.