El llanto nocturno de sus hijos comenzó a destrozarle los nervios, pero Fahd Alawi no puede culparlos: la lluvia de bombas que cae sobre Bagdad desde hace 11 días es la única responsable.
Para calmarlos, este hombre iraquí no tuvo más remedio que empastillar a sus hijos con Válium (conocido como diazepán), fármaco especial para moderar la ansiedad en períodos cortos.
Con el amanecer, sus tres hijos concilian el sueño y él, agotado, cae rendido al pie de sus camas, según relató a un equipo periodístico de una agencia francesa y recopilado por el diario español El Mundo y la cadena de televisión británica BBC.
Los misiles y las bombas británico-estadounidenses golpearon objetivos en el mismo corazón de Bagdad, entre ellos un mercado y tres centros de comunicación situados en plena capital.
Con sueño
“Nadie ha podido dormir”, explicaba Fahd Alawi, fabricante de muebles de 38 años. Con el rostro cansado y grandes bolsas bajo los ojos, este hombre aseguró que, de proseguir el bombardeo contra la capital, tendrá que seguir empastillando a sus hijos con Válium.
“Una bomba cayó sobre un coche en nuestra calle y comenzó a arder. Mis hijos lloraron muy fuerte por el miedo y la única forma de que se calmen es que tomen Válium”, contó.
“Para los niños ha sido una terrible pesadilla”, aseguró Louaï Husein, de 42 años, propietario de una tienda de cosméticos en un barrio del sur de Bagdad, absolutamente desierto ayer.
La familia de Louaï Husein se refugió en una habitación de su casa de dos plantas, estancia que construyeron recientemente para servir de abrigo, como obligaba el Gobierno durante la guerra entre Irán e Iraq de 1980 a 1988.
“Estaba convencida de que la casa se iba a derrumbar sobre mi cabeza”, explicó. “No hemos podido cerrar los ojos. Uno a uno fuimos desvaneciéndonos por el cansancio al amanecer”.
El doctor Ali Hacen, que vive cerca de uno de los puntos de comunicación afectados, el centro de Al-Ulwiyya, estaba preparado para cualquier eventualidad.
Antes del inicio de la guerra, blindó una habitación de su vivienda con placas y plástico para protegerse de un posible ataque químico. Sin embargo, ha servido de poco. “Mi casa está totalmente destruida”, explicaba con las mejillas encendidas y comidas por la barba. “Fue como un terremoto”.
Farmacias preparadas
El doctor confirmó que las farmacias están dispensando cada vez en mayores cantidades fármacos ansiolíticos y somníferos a padres desesperados ante la imposibilidad de lograr que sus hijos se duerman.
Sin embargo, parece que estas medidas no son suficientes para tranquilizar a los niños, ni tampoco a los padres.
“Mi pequeña Zina tiene seis años y se ha hecho pis (orines) en la cama”, dijo Jassem Ahmad, un almacenero. “Ha estado llorando toda la noche y le tuve que dar pastillas. Pero antes de que se durmiera ella no paraba de repetir: ¡Quiero matar a América!, como si América fuera una persona”.