El gobierno de Sadam Husein se derrumbó ayer cuando tropas de Estados Unidos irrumpieron en el centro de Bagdad y ayudaron a eufóricos iraquíes a derribar una estatua de su derrocado líder, cuya seccionada cabeza fue arrastrada por las calles.
En medio de escenas caóticas de regocijo, saqueos y aislados tiroteos, los iraquíes bailaron sobre la caída estatua de seis metros de alto, expresando desprecio al hombre que los gobernó con mano de hierro por 24 años, durante los cuales el país pasó por tres guerras con grandes pérdidas humanas y económicas.
Pero el control estadounidense sobre la capital iraquí no era completo. Al caer la noche las calles quedaron vacías y se escuchaba el fuego de tanques y de artillería en la ribera occidental del río Tigris.
Nada se sabía de Husein y sus dos hijos –Uday y Qusay–, que fueron blanco de un bombardeo aéreo estadounidenses el lunes en un área residencial.
En Washington, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, dijo tener evidencias de que Siria, vecino occidental de Iraq, ha ayudado a familiares y seguidores de Sadam a huir del país.
“Nosotros estamos recibiendo... información de inteligencia de que Siria ha cooperado para facilitar la movilización de personas fuera de Iraq y hacia Siria”, dijo Rumsfeld, en conferencia de prensa, mientras en Bagdad fuerzas militares estadounidenses eran saludadas jubilosamente por grupos de iraquíes.
Las fuerzas encabezadas por Estados Unidos tienen todavía que tomar ciudades del norte como Mosul, Kirkut y Tikrit, esta última la cuna de Sadam y base de su poder tribal, a unos 175 kilómetros al norte de Bagdad.
Fuerzas de EE. UU. y de los rebeldes curdos desalojaron a los efectivos iraquíes de una montaña vital para la defensa de Mosul, en su mayor victoria en el norte.
Recibimiento en Bagdad
Mientras avanzaban las tropas norteamericanas, numerosos iraquíes lanzaron flores y aplaudieron a los marines que atravesaron la suburbana Ciudad Sadam, donde viven dos millones de iraquíes chiítas pobres.
“No más Sadam Husein”, coreaba un grupo mientras saludaba a las tropas. “Los queremos, los queremos”.
En todos los países árabes, la gente que se reunió para ver por televisión los sucesos del miércoles en Bagdad reaccionó con una mezcla de estupor, incredulidad, disgusto y desprecio, tanto por Sadam Husein como por los estadounidenses.
No ha concluido
Funcionarios estadounidenses advirtieron que, pese a los bailes de victoria, la guerra en Iraq todavía no ha concluido.
Sin embargo, una ola de euforia se advirtió en el gobierno de Bush, donde casi todos estuvieron atentos a las dramáticas imágenes de la televisión.
Bush mismo vio por televisión el comienzo de los esfuerzos para derribar la estatua antes de concentrarse en reuniones. Cuando esas sesiones concluyeron, la estatua ya había caído.
El presidente “observó cómo arrastraron (la cabeza de la estatua) por las calles de Bagdad. Dio unos pasos, miró eso en el suelo y exclamó: La derribaron”, dijo el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer.
La nota más triunfalista provino de Rumsfeld, un arquitecto clave de la guerra.
“Sadam Husein está ahora ocupando el lugar que le corresponde al lado de Hitler, Stalin, Lenin y Ceausescu en el panteón de los dictadores brutales caídos y el pueblo iraquí está en su camino a la libertad”, declaró.
Husein, quien tomó el poder en 1979 y dirigió luego a Iraq en una guerra de ocho años en contra de Irán y en las dos derrotas militares a manos de los Estados Unidos, había prometido derrotar a la invasión de la coalición estadounidense y británica lanzada hace tres semanas para derrocarlo.
Asimismo, Rumsfeld advirtió que vendrán “días difíciles y muy peligrosos”.
“Todavía debemos capturar, dar cuenta o de otra manera encargarnos de Sadam Husein, sus hijos y los altos líderes iraquíes”, dijo Rumsfeld en una declaración en el Pentágono.
El vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, dijo a editores de diarios reunidos en Nueva Orleans que funcionarios de Estados Unidos e Iraq se encontrarán pronto (el sábado) para comenzar a diseñar un gobierno interino iraquí.
La derrota de Sadam fue reconocida en Nueva York por su embajador, Mohammed al-Douri.
“El juego termi´nó. Espero que prevalezca ahora la paz y que la población iraquí pueda ser feliz”.
Por la noche, Al-Douri dijo que seguirá trabajando en la ONU y que no tenía intenciones de desertar. “¿Desertar de quién?”, preguntó. “El gobierno desertó”.