Una repentina tormenta de granizo que duró media hora durante la tarde del pasado viernes mató a 16 personas y dejó unos 200 heridos en Zhengzhou, un pequeño pueblo de la provincia de Henan, en China.
Este suceso, que desató la indignación popular, ocurrió en cuestión de minutos, cuando cientos de personas paseaban por las calles de la ciudad al término de la jornada laboral.
Según las autoridades, la magnitud del suceso se vio afectada porque las piedras de granizo eran del tamaño de un huevo de gallina, además de que se dieron vientos racheados de 45 kilómetros por hora.
Tragedia inesperada
El caos se adueñó de la ciudad y cientos de personas corrieron despavoridas en busca de refugio, mientras tanto, el pedrisco causó cortes de tráfico, derribó postes de teléfono, rompió escaparates y agujereó los tejados de las viviendas.
Al parecer, los destrozos más graves se registraron en una estación de servicio, una fábrica de alimentos, un almacén y en las viviendas de los suburbios.
Por su parte, el alcalde, Yao Daixian, manifestó que no se esperaba daños de tal magnitud y que el suceso representa un duro desafío para su gobierno.
Y es que pese a los avanzados sistemas de prevención de inundaciones existentes en China, en este caso las autoridades locales se vieron superadas por los acontecimientos.
La estación meteorológica provincial de Henan había emitido una advertencia a los gobiernos regionales ese día.
Sin embargo, según Gu Wanlong, gerente del centro, al público no se le comunicó a tiempo la información.
Ante la ola de indignación que se ha apoderado de la población de Zhengzhou, que acusa al gobierno local de "negligencia", el alcalde de la ciudad aseguró que "este tipo de emergencias son casi imposibles de predecir".