Washington . El vicepresidente Al Gore se ha atrevido a danzar en público y ha aprendido unas pocas palabras en español, pero tiene mucho por delante para reparar la debilidad que las encuestas indican en su aspiración presidencial.
Algunas debilidades son cosméticas, como su estilo de oratoria; otras son más serias, como la forma en la que los trabajadores -pieza clave del buen desempeño del Partido Demócrata en las elecciones de noviembre pasado- evalúen la posición del vicepresidente a favor del libre comercio.
La dificultad mayor de Gore en el último año ha sido mantener su lealtad al presidente Bill Clinton sin que el bochorno por las indignidades de su jefe se contagie, en la percepción pública, al exsenador de Tennessee que aspira a ocupar la Casa Blanca en el 2001.
Ante el dilema, Gore consultó con su esposa Tipper y con un grupo de confidentes y llegó a una estrategia según la cual "condenaría el juicio político del Presidente, pero no al hombre que lo promovió, el fiscal independiente Kenneth Starr", dijo el autor Bob Zelnick.
Travesuras de Clinton
Este corresponsal de la cadena de televisión ABC acaba de publicar una biografía de Gore en la cual describe al vicepresidente como un político de conciencia cuya imagen de "niño ejemplar" se ha abollado por las travesuras de Clinton.
Gore es responsable de algunas de las abolladuras por prácticas un tanto brumosas en su recolección de fondos para campañas electorales, pero su imagen pública también sufre porque se le percibe como un hombre apático, frío y distante.
Para Candice Coleman, que ha hecho una profesión de su capacidad para enseñar a la gente a hablar en público, "todos sabemos lo que es el carisma, y también sabemos que Al Gore no lo tiene".
Tony Robbins, que se gana la vida y una buena fortuna predicando la actitud positiva hacia la vida, cree que "cuando Al habla hay un sentimiento de pesadez, de seriedad, acerca de casi cualquier cosa... Tiene que mostrarse más vulnerable".
Es por eso que Robert Dickman, un experto en oratoria y los medios electrónicos, recuerda "con entusiasmo aquella vez en que apareció bailando... fue precioso".
Dentro de las filas del Partido Demócrata, Gore tiene, por ahora, un solo competidor, el exsenador de Nueva Jersey, Bill Bradley, que aparece muy atrás en las encuestas pero quien puede aprovechar su historial de cautela en materia de comercio exterior.
El contrincante más duro para Gore es ahora el gobernador de Texas, el republicano George Bush, hijo del expresidente del mismo nombre.
Bush, aunque habla mejor español que Gore, es un excelente orador, extremadamente popular entre los votantes hispanos, y un exponente de lo que ahora se llama "conservadurismo con conciencia social" que es, más o menos, un conservadurismo al que se le acabaron las balas.
En encuestas recientes, Gore mostraba una desventaja de 16 puntos porcentuales en relación con Bush en el estado de Ohio, donde el presidente Clinton ganó por un margen muy estrecho en 1992 y 1996.