Ciudad de Guatemala El papa Juan Pablo II, de 82 años, aquejado por el mal de Parkinson y la artritis, emocionó ayer hasta el delirio a más de 700.000 fieles que se congregaron en el Hipódromo del Sur de la ciudad de Guatemala, donde canonizó al hermano Pedro de San José Betancurt.
Al inicio de la misa de dos horas y 38 minutos, el Papa lució con moderada vitalidad, pero luego decayó y se vio completamente agotado en el momento de la eucaristía, cuando requirió la ayuda de un asistente para levantar el cáliz. Y cuando tomó el báculo en su mano izquierda el temblor debido al mal de Parkinson se hizo evidente.
Asimismo, el Pontífice tuvo dificultades para pronunciar con claridad.
Sin embargo, con esa fuerza interior que mostró desde su primera escala en Canadá, el Papa recobró el ánimo para pronunciar emocionado las palabras: "Guatemala, te llevo en mi corazón", que hicieron estallar en aplausos y ovaciones.
La misa concluyó a las 11:38 a. m. tras haber comenzado a las 9 a. m., tal y como estaba previsto en el programa oficial.
El encargado de prensa de la Comisión de la Iglesia Católica, Luis Marroquín, dijo que se concentraron "más de 700.000 personas. Es un acto impresionante".
La ceremonia
Juan Pablo II, vestido de blanco y con una estola champaña, ingresó en el papamóvil hacia las 8:30 a. m. al Hipódromo, donde fue ovacionado por la multitud.
El Pontífice pronunció su homilía en un altar con dos columnas blancas, en medio de las cuales destacaba una enorme pintura del hermano Pedro de San José Betancurt, que ayer se convirtió en el primer santo de Guatemala.
Durante su corta homilía, el Papa hizo especial referencia a los indígenas, que conforman el 60 por ciento de los casi 12 millones de guatemaltecos, la mayoría de ellos sumidos en la pobreza y la discriminación racial.
"Pensemos en los niños y jóvenes sin hogar o sin educación; en las mujeres abandonadas con muchas necesidades que remediar; en la multitud de marginados en las ciudades; en las víctimas de organizaciones del crimen organizado, de la prostitución o de la droga", declaró el Pontífice durante la misa de canonización.
En relación con los indígenas, dijo que "el Papa no os olvida y, admirando los valores de vuestras culturas, os alienta a superar con esperanza las situaciones, a veces difíciles, que atravesáis".
"Construid con responsabilidad el futuro, trabajad por el armónico progreso de vuestros pueblos. Merecéis todo respeto y tenéis derecho a realizaros plenamente en la justicia, el desarrollo integral y la paz", agregó el Papa mientras era ovacionado.
Miles de banderas amarillas y blancas del Vaticano fueron ondeadas por los feligreses, algunos de los cuales recorrieron cientos de kilómetros desde sus comunidades en el interior del país o desde países vecinos para rendir homenaje al Pontífice, en una región donde la religión católica sigue siendo mayoritaria.