
Enfrentado a la ausencia, hasta ahora, de armas de destrucción masiva en Iraq, a la falta de apoyo de la ONU a una nueva resolución y a la dosis diaria de agresiones contra sus tropas, el presidente estadounidense, George W. Bush, atacó ayer a quienes dudan de la necesidad de una guerra en la nación árabe.
El Presidente aseguró ayer ante sus conciudadanos: “La misión esencial de los norteamericanos en este país (Iraq) será llevada a cabo hasta el final”.
Bush pidió paciencia a una opinión pública cada vez más dubitativa y reconoció que el proceso que debe conducir a un Estado soberano era “complicado porque hace falta tiempo para restablecer la confianza y la esperanza después de décadas de opresión y de miedo”.
“Sin embargo, hacemos importantes progresos y vamos a respetar nuestra promesa de devolver el poder al pueblo de Iraq tan rápidamente como sea posible”, añadió, aunque no dio fecha exacta para cumplir este cometido.
En la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, las grandes maniobras en torno al proyecto de resolución estadounidense sobre Iraq deberían continuar toda la semana que viene, según fuentes diplomáticas.
Reservas
Un alto responsable de la ONU, encargado de especificar las reservas hacia el proyecto expresada el jueves por el secretario general Kofi Annan, afirmó que nada en el proyecto revistado estadounidense justifica que Naciones Unidas, objeto de dos atentados en Iraq, asuma riesgos y vuelva al país para desempeñar el papel menor que le reserva Estados Unidos.
“Si usted lee el proyecto, no hay nada que diga que Naciones Unidas resulte indispensable en Iraq”, subrayó uno de los funcionarios.