
A la manifestación, convocada por la Central Unitaria de Trabajadores, se sumaron empleados fiscales y de algunas empresas privadas, además de estudiantes y profesores que hace casi tres meses han protagonizado masivas protestas para exigir educación gratuita y de calidad.
Con peticiones que van desde una reforma a la Constitución y un cambio en el Código del Trabajo hasta la rebaja de los impuestos a los combustibles, la manifestación amenaza con convertirse en un reclamo generalizado contra el gobierno de Sebastián Piñera.
En el inicio de la jornada, manifestantes bloquearon con neumáticos encendidos y palos esquinas clave de la capital, como varias intersecciones de la avenida Alameda, la principal arteria de Santiago, mientras que en sectores periféricos se impidió la salida de algunos buses lanzándoles piedras.
Durante la madrugada también hubo choques entre manifestantes y policías en barrios pobres de la periferia capitalina, mientras que de noche miles de chilenos salieron a las calles a golpear ollas en apoyo a la manifestación.
En un primer balance, el Gobierno informó de que hubo 35 detenidos por desórdenes, además de 11 heridos, de los cuales nueve son policías, según el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla.
Los bloqueos alteraron el desplazamiento vehicular en la hora pico de la mañana sin lograr paralizar del todo la ciudad, donde los servicios de metro y buses urbanos funcionaron con una notoria menor afluencia de los usuarios.
El aeropuerto internacional y principales pasos fronterizos del país funcionaban, así como los servicios de emergencia en hospitales y otros centros de ayuda.