
París. AP. La aceptación o rechazo de los franceses a la propuesta Constitución europea podría moldear el futuro de la Unión Europea (UE) por muchos años, y sus consecuencias serán sentidas hasta en Washington y Pekín.
Pero, ¿por qué están los franceses tan divididos? ¿Qué es lo que no les gusta de una carta magna que le dará al bloque un canciller y un presidente para que representen mejor a los europeos en el mundo, y a Francia, arquitecto del documento, mayor influencia que nunca antes en la UE?
Después de todo, el segundo de los 448 artículos de la Constitución expresa que los valores fundamentales de la UE son la libertad, la democracia y la igualdad, que los franceses han defendido desde su revolución de 1789.
Sin embargo, un fuerte debate está dividiendo a aliados políticos, poblaciones e incluso familias. Una de las razones es la vieja obsesión francesa de defender su lugar en el escenario internacional.
Algunos opositores sostienen que la soberanía francesa será arrebatada por el poderío de la UE. Otros advierten que se perderán servicios públicos, derechos de los trabajadores y empleos.
Pero quienes apoyan la Constitución, liderados por el presidente Jacques Chirac, consideran que Francia será un mero jugador más, e incluso quedar aislada, si no se une a la vanguardia de una Europa fuerte. Según argumentan, los europeos se mantendrán juntos o se ahogarán solos en un mundo dominado por Estados Unidos y las futuras potencias China y la India.
Además, está la cuestión de cuánto daño podría generar a la UE el voto por el no.
Los defensores advierten que un rechazo a la Constitución podría dejar abierto el camino para la hegemonía estadounidense y el capitalismo desenfrenado.