
Los residentes de la Florida retornaban ayer paulatinamente a la normalidad tras el paso del huracán Charley , que ocasionó por lo menos 19 muertos, informó Tameeka Forbes, portavoz de la oficina para emergencias.
“Después de sobrevivir a un huracán, una no puede imaginarse siquiera lo desesperada que se siente”, dijo Bárbara Winslow, que esperaba en fila frente a una dependencia de la Guardia Nacional para recibir alimentos, agua, hielo y pañales.
“Si el mundo se acabara, la escena sería muy parecida a esta”, agregó.
Charley , el huracán más fuerte que ha azotado Florida en 12 años, embistió el viernes pasado contra la costa suroeste del estado con vientos hasta de 223 kilómetros por hora, demoliendo parques de casas rodantes y dañando decenas de miles de edificios.
Charley pasó alrededor de Orlando y luego salió al mar por la costa este de Florida, y también dañó cultivos, incluida la industria local de los cítricos, de $9.100 millones.
La organización Florida Citrus Mutual, que representa a 11.000 miembros, comunicó que unas 113.000 hectáreas de las 324.000 hectáreas plantadas con cítricos en el estado fueron castigadas por el huracán.
Ayuda
Mike Brown, director de la Agencia Federal de Administración de Emergencia, visitó ayer Punta Gorda y dijo que su oficina había emitido ya $2 millones en cheques de indemnización para las víctimas.
Agregó que la agencia había recibido 23.500 solicitudes de ayuda, 13.000 de ellas el lunes.
“Apenas hemos comenzado el proceso de recuperación del huracán Charley ”, dijo Brown.
La oficina de correos de Punta Gorda, que recibió fuertes daños, reanudó ayer sus actividades por primera vez desde el viernes, cuando Charley llegó a tierra firme.
En otras partes de Punta Gorda, los empleados municipales reanudaron sus tareas y algunos de ellos se dedicaron a reparar los carteles caídos del tráfico.
Carencias
Unas 640.000 personas permanecían sin electricidad ayer, dijeron funcionarios estatales, quienes calcularon que el restablecimiento del suministro eléctrico podría tardar meses. Por lo menos 150.000 personas estaban también sin teléfono.
“Solo quiero algo de comer”, dijo la empleada doméstica Willi Mae Robinson, que esperaba en una fila con vecinos el suministro de comestibles enlatados frente a una vieja estación ferroviaria.
“Tengo algo para hoy (ayer), pero no tengo nada para mañana (hoy)”, agregó.