La represión del movimiento disidente chino con las condenas a más de diez años de cárcel para sus máximos dirigentes, seguida de una huelga de hambre a escala nacional de 214 activistas, auguran una escalada de tensiones que está tomando el rumbo de la revuelta de Tiananmen (junio 1989).
"Después de esta redada, el Partido Democrático Chino (PDC) se está preparando para la próxima primavera. Vamos a festejar el décimo aniversario de Tiananmen y llevaremos ropa blanca (el símbolo del luto en China)", dijo Ren Wanding, el principal disidente chino que permanece en libertad.
Ren pronosticó, en una conversación telefónica desde su casa de Pekín, que en 1999 el Gobierno chino se verá sometido a "una alta presión" debido, entre otras cosas, "a un incremento en el índice de desempleo y al encarecimiento de la vida del pueblo".
"Es muy difícil que resista esta presión. Al final tendrá que ceder y acabará aplicando una política de tolerancia. Somos la vanguardia del movimiento democrático en China y lo saben", subrayó Ren, quien el jueves, se sumó a la citada huelga de hambre.
Reagrupar movimiento
Ren, que consideró prioritario reagrupar al disperso movimiento democrático chino, subrayó que todas sus acciones se enmarcarán dentro de la ley porque sólo desean ocupar el espacio político que les corresponde en China.
"En el PDC existe el fenómeno de la dispersión. Las autoridades se han aprovechado de esa debilidad. La próxima batalla es lograr una unidad y estrategia coordinada de los disidentes", subrayó Ren, dirigente del Muro de la Democracia (1979), protestas por las que pasó cuatro años en la cárcel.
Ren, excontable de 51 años, es ahora tras la reciente condena de los tres máximos dirigentes del PDC, Xu Wenli, Wang Youcai y Qin Yongmin, a 13, 12 y 11 años de cárcel respectivamente, el abanderado de la lucha pro democrática en China.
"Ya no tengo miedo, ya he muerto una vez en prisión. Cuando has estado allí, nunca vuelves a tener miedo", declaró Ren Wanding antes de que le condenaran a siete años de cárcel por su participación en el movimiento prodemocrático de Tiananmen.
Estas declaraciones de Ren, que avecinan un 1999 "caliente en China" coincidiendo con el décimo aniversario de la matanza de Tianamen suponen, lo admitan o no los dirigentes del Partido Comunista Chino (PCCh), un anticipo de lo que será la lucha política en los próximos meses en este país.
La pregunta que se hacen ahora los analistas es ¿cómo van a neutralizar los dirigentes del Partido Comunista a los disidentes en un momento en el que la sociedad china empieza a mostrar síntomas de cansancio por la corrupción gubernamental, la prepotencia de sus dirigentes y la ausencia de libertad?
"Los llamados a sí mismos disidentes pronostican el caos en China. Siempre han fracasado en todas sus predicciones", señala la agencia estatal Xinhua siguiendo las consignas del PCCh, que intenta convencer cada vez con menos éxito a la opinión pública de que los activistas "son elementos subversivos que intentan derrocar al Gobierno".
En este panorama, que contrasta con la relativa tolerancia política que conoció China durante los últimos meses, el presidente Jiang Zemin ha pronunciado por ahora la última palabra.
"Debemos resistir a las fuerzas enemigas. Los responsables del Partido de todos los niveles deben multiplicar sus esfuerzos para mantener la estabilidad", subrayó Jiang esta semana en un discurso que cada vez entiende menos gente en China, sobre todo las generaciones más jóvenes.